El honor de Luis Felipe

Luis Felipe me pasó a buscar temprano en la mañana y desayunamos en el Hotel en que me hospedaba.

Esa misma noche yo debía regresar a Chile, después de casi 2 semanas trabajando en Morelos, muy cerca de Ciudad de México,invitado por una Fundación de la cual Luis Felipe era su Dueño y Director.

Luis Felipe además era socio y gerente general de la Escuela Savoir Vivre en México. Yo me había ido de Savoir Vivre de Chile unos 8 meses antes, pero habíamos  trabajamos mucho juntos desde que se inició la alianza con la Escuela para hacer el programa de formación allá en México. Siempre fue en armonía, en acuerdos y respeto entre ambos.

El pobre Luis  Felipe estaba pasando un mal momento, recientemente Antoine le había comunicado que ése sería el último año de Savoir Vivre en México, le argumentó que esta decisión consideraba los bajos resultados obtenidos en ventas durante los tres años.

En honor a la verdad a Antoine eso no le afectaba mucho, ya que el  cobraba honorarios por conferencia y exigía que se los pagaran en cada conferencia que hacía, independiente de la cantidad de alumnos matriculados. Pero el codicioso asesor de Antoine, que también pautaba a la Gerente de Savoir Vivre en Chile, le sugirió terminar con esa Alianza y buscar un socio que de verdad hiciera crecer a la Escuela en ese gran mercado que es el país azteca, al asesor no le agradaba Luis Felipe, cuando se conocieron en una conferencia en Chile hubo un corto circuito entre ambos.

Luis Felipe estaba furioso, llevaban 3 años en alianza y si bien no se había matriculado la cantidad de alumnos comprometida, había que entender, se lamentaba,  que instalar la Escuela era un proceso más lento de lo imaginado. Era necesario tener paciencia e ir aprendiendo de la experiencia de estos años de gran sacrificio.

Pero eso no era todo, Luis Felipe y sus 2 socios habían colocado mucho dinero para asumir las pérdidas que se habían generado. Como él  era el socio principal, por supuesto, era el que más perdía.

Habló con la Gerente de Savoir Vivre Chile y ella le comunicó, de parte de Antoine, que lamentablemente la decisión ya estaba tomada. Por su parte Antoine aplicó la indiferencia y no le dio ni una reunión, a pesar de su insistencia.
Luis Felipe, como buen Mexicano, sentía su sangre hervir.

Yo lo entendía perfectamente, mi salida de Savoir Vivre fue una tortura.
Me hablaba de Antoine, de la decepción que tenía con él, que no podía aceptar que éste ahora no lo escuchara y lo ignorara completamente. En su ira, aprovechó de deslizar algunas infidencias sobre pecadillos y aventuras de Antoine durante los días de conferencias en México.

Durante mi estadía intenté animarlo a que hiciera su propia Escuela: La Escuela Mexicana de Formación Profesional. Le hice hasta una imagen corporativa… y nada. Luis Felipe estaba con un pensamiento recurrente con esta Escuela que tanto esfuerzo les costó iniciar, tantos sueños habían imaginado y ahora estaba a punto de desaparecer. El contrato era muy claro; lo recuerdo perfectamente porque yo mismo lo había negociado y firmado en representación de la Escuela.

Con esto, Luis Felipe estaba recibiendo un duro golpe a sus bolsillos y a su orgullo. Empresario exitoso, un día participo en una conferencia de Antoine y había caído rendido a sus enseñanzas. Traer el programa a México se transformó en una verdadera obsesión.Para él todo México debía tomar ese curso de formación. Parecía que Luis Felipe, por fin,  había descubierto la luz y el verdadero conocimiento.

Y ahora, aquí estábamos los dos  tomando desayuno en mi último día en México donde todo había sido excelente; tuve el privilegio de trabajar para esa importante fundación y además me pagaron muy bien. En las condiciones que yo estaba eso me ayudó mucho, principalmente a mi autoestima que estaba por el suelo. Yo estaba muy agradecido de la invitación que me hizo para trabajar en las comunicaciones de la Fundación, lo aprecié como un gran gesto de su parte.

Mientras los rayos de un sol que venía con fuerza iluminaban nuestro desayuno, sorpresivamente Luis Felipe sacó un documento y lo colocó en la mesa. Era un contrato, el mismo que hizo con Savoir Vivre cuando yo era el Gerente General.

Lo abrió lentamente mientras me decía que según ese contrato, él (aparte de las pérdidas, que no eran menores,) debía pagarle a Savoir Vivre lo que correspondía como porcentaje de acuerdo a la cantidad de alumnos que se comprometieron tener  y no a la cantidad que finalmente se matriculó.

Luego me mostró otro documento (que él había preparado) el cuál agregaba una cláusula al contrato original, la que decía que en caso de término de esa sociedad por parte de Savoir Vivre, la Escuela (es decir Antoine) debía indemnizarlo por los daños y perjuicios que eso le ocasionaba. Entonces me pidió que la firmara para agregarla al contrato como si fuera parte de los acuerdos que se tomaron en esa época y así poder demandar a Antoine y forzarlo a negociar.

Antes de que me dijera eso, mi intuición ya me estaba avisando que algo como esto podría venir. Lo escuché y casi de inmediato le respondí, mirándolo a los ojos y apartando con un gesto el documento que me mostraba:

“Te equivocas conmigo Luis Felipe, yo jamás haría algo como lo que me estás proponiendo. Tu idea es una completa estupidez” Le dije molesto.

Hubo una pausa tan breve como eterna y Luis Felipe bajando los ojos como pensando ¡trágame tierra!  intentó disculparse, quiso minimizarlo y justificarlo como que era producto del daño emocional que estaba sufriendo.

Durante el resto de la mañana poco hablamos, lo acompañé a las oficinas de Savoir Vivre y ahí estuve conectado a mi computador mientras Luis Felipe atendía asuntos en su oficina. Almorzamos, hablamos de todo… menos de eso, y al final de la tarde me llevó al Aeropuerto.

Nos despedimos con un abrazo formal. Ambos intuimos que no nos veríamos nuevamente.

Durante el viaje de regreso, pensando y reflexionando en lo sucedido, con tristeza comprendí que había sido usado por una persona seguramente acostumbrada a usar y comprar a otros. Un tipo astuto, muy atento y sin escrúpulos. Un gran actor capaz de expresar emociones profundas de cariño y lealtad.
Yo tenía una buena impresión de él.

Luis Felipe pensó que mi dura experiencia con Antoine, albergaba una rabia y resentimiento que estarían por sobre mis valores. Apostó a que yo me vendería y caería rendido a los cantos de Sirena. Se equivocó profundamente. Me siento muy orgulloso de la fuerza que he acumulado en sostener mis valores humanos.

Aparte de algún saludo navideño y un e-mail mío hace un año preguntando por su salud (por Facebook me enteré que había sido hospitalizado) nunca más tuvimos comunicación. Inclusive el último pago que debió hacerme por mi trabajo a la Fundación, no lo pagó y yo tampoco lo cobré.

Han pasado tres años de eso y para mi sorpresa ayer recibí este e-mail de Luis Felipe, el cual venía copiado a unas 20 personas, entre las cuales estaba yo.

DE: Luis Felipe

PARA: Tú y 20 más

ASUNTO: Honor al camino recorrido

Te comparto que desde mi juventud he tenido el compromiso de dejar un mundo mejor que el que encontré ayudando a sanar las heridas de la vida misma, compromiso que he llevado a cabo desde diferentes frentes, en 2008 escuche por primera sobre Savoir Vivre y nuestro querido Antoine,en junio de 2012 conocí a Mis dos socios, descubriendo que los tres compartíamos ideas sobre transformar la manera de mirar en nuestro país y en Diciembre de ese mismo año nos reunimos con Antoine en Bayonne donde le propusimos venir a México a hacer el Programa en nuestro país.

De aquel entonces hasta hoy han transcurrido 6 años y 5 versiones del Programa de Formación Profesional en México, donde se han graduado más de 250  personas, el camino no fue fácil desde el inicio, sin embargo, la recompensa de mirar cada alma con una nueva perspectiva sobre sí mismo, sobre el mundo y su impacto en su entorno alimentó cada día aquel compromiso de mi juventud haciéndolo más grande, fuerte y sólido, por lo que seguiré dedicado a aportar lo mejor de mí para vivir y dejar un mundo mejor.

En estos 6 años he tenido el privilegio de conocer gente hermosa, brillante, comprometida, con mucho talento, que comparte el mismo sueño que se volvieron tremendos cómplices, compañeros y grandes amigos,por eso deseo mostrarte mi enorme gratitud y alegría por todo el aprendizaje compartido honrando este camino que hemos recorrido juntos.

Gracias.

Te llevo en mi corazón como parte importante de mi historia.

Abrazos.
Gracias Dios por esta hermosa vida.

 

Bellas palabras, muy del estilo de Savoir Vivre. Tuve la intención de responder algo y no supe qué. Sólo me hice esta pregunta:

¿Me habrá incluido por equivocación o estará forzando un olvido?

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