El Doctor Wilson, la Medicina Holística y mi mamá

Wilson y Antoine se transformaron en inseparables.

Se conocieron el año 97, cuando Wilson, un médico titulado en una Universidad de Chile y que afirmaba tener ciertos dones o facultades paranormales o bien “paramédicas”, hizo el programa de formación profesional en la Escuela Savoir Vivre.

Wilson detectaba en forma natural las energías de las personas. Veía la áurea tan nítida como nosotros vemos las flores. La premonición y la presencia virtual también eran parte importante de sus dones, los que él ponía generosamente al servicio de otros.

Wilson admiraba a Antoine  y Antoine comenzó a admirarlo durante el proceso de formación. Sus mujeres se hicieron amigas y ambos se asociaron en un vínculo de amistad profesional. La consulta de Wilson comenzó a darse a conocer en la Comunidad y su agenda se copó. Actualmente el Doctor Wilson agenda consultas con meses de anticipación y el valor de su consulta es el doble de otros médicos. En la Comunidad no se quejan, “es mas caro pero… ¡es Wilson!”

Antoine no necesita pedirle hora y acostumbra a consultarlo por todo y de todo. Le confiere poderes especiales y éste lo atiende en cualquier lugar del mundo, ya que el Doctor Wilson además trata a distancia, igual que esos monjes de Brasil.

Una vez  lo entrevisté para la Revista Institucional de Savoir Vivre. Es un hombre entretenido; lo que sabe lo cuenta bien y con autoridad, le gusta contar anécdotas y le pone una cuota de humor. Como yo soy un entusiasta y curioso seguidor de Fenómenos Anómalos, la conversación fue muy amena y esa entrevista cimentó aún más su imagen de milagroso, aceptado en la comunidad y en algunos círculos más bien intelectuales en los que se presenta como Médico Holístico o especialista en Medicina Holística.

El Dr. Wilson no goza del mismo prestigio en los círculos más académicos o entre sus pares médicos. Muchos ponen en duda tales dones o capacidades especiales que él proclama; algunos tienen el juicio de que es un chanta (charlatán). Sin embargo cuenta con logros y testimonios de pacientes que tienen total fe en él.

Desde que hizo el programa de formación en Savoir Vivre  cultiva una cercana amistad con Antoine. El Dr. Wilson adoptó esas enseñanzas en sus diagnósticos y tratamientos, por ello,  la emocionalidad, lo esotérico y lo paranormal son fundamentales en las conversaciones durante las consultas con sus pacientes.
Es tanto el entusiasmo con que Antoine lo presenta a sus conocidos que hay una sutil sospecha de que son parte de los negocios. Wilson en algunas oportunidades hizo algunos módulos durante las conferencias donde realizaba algunas dinámicas algo polémicas, en las cuales intentaba demostrar que las emociones se pueden medir con instrumentos, diseñados por él.

Mi imagen de él siempre fue de respeto y una moderada admiración. Una vez vio a mi hija y su diagnóstico holístico me hizo sentido.

Su imagen, eso sí, se desplomó completamente cuando le recetó un remedio a mi madre, con 93 años y casi no valente.

En esa oportunidad fue consultado telefónicamente por Antoine, quien recién había llegado a Chile y encontró a la mamá en cama, sin energías, con un dolor agudo en la espalda, durmiendo mucho, con dificultades para comer y otras dificultades más que obligan a poner atención. El Dr. Wilson escuchó a Antoine y le recetó Tramadol, unas gotas que después de ingerirlas hicieron entrar a la mamá en un estado casi de locura. Se levantaba y gritaba desesperada, no era posible calmarla y su débil corazón casi estallaba. El Tramadol es un sustituto de la morfina en casos de mucho dolor.

Hablé seriamente con Antoine sobre esa irresponsable decisión que puso seriamente en riesgo la salud y estabilidad de la mamá.
Le pedí  que antes de tomar cualquier decisión de salud debía consultarlo con el médico que la atiende.

Pero Antoine no respetaba a nadie que no fuera el Dr. Wilson. Creo, eso sí, que se asustó mucho cuando supo de los efectos que esas gotas habían causado en ella.

Un mes después, la mamá tuvo un evento vascular que le semiparalizó el hemisferio derecho. Su salud tuvo un descenso rápido y hubo que contratar una enfermera. La empleada que la cuidaba ya no podía atenderla sola, apenas descansaba.Fueron momentos preocupantes.

Antoine viajó a verla “Pasaré una semana con ella y si su salud se complica me quedaré más tiempo”. Esta vez se alojó en un Hotel y en las tardes pasaba con ella un par de horas.
Un día de esa semana, exactamente el jueves cuando llegué a verla,  estaba Antoine con el Dr.Wilson en la habitación de la mamá. Los saludé, no tan cariñosamente como antes y me quedé en la habitación. Estaba ahí mi madre, semi durmiendo y semi inconsciente, en posición fetal.
En realidad, llevaba toda una semana o más así.

El Dr. Wilson recién había llegado y se preparaba para examinarla. No dije nada y observé lo que hacía; de reojo miré a Antoine con no muy cara de amigos, como diciéndole “¡otra vez Wilson!”.

El Dr. Wilson comenzó a mover los dedos como pre calentándolos, esto lo hacía de forma algo histriónica y luego de un breve tiempo comenzó a pasar sus manos encima del cuerpo de mi vieja. a unos 10 cms. de distancia, sin tocarla.

Estuvo algunos minutos en esa especie de ritual. Luego se detuvo y se puso a reflexionar y de repente continuó  examinándola de la misma manera. La empleada que atendía a la mamá y estaba presente, preguntó por qué el Doctor la examinaba así. Luego de unos segundas Wilson se detuvo y le respondió: “De esta manera yo recibo las energía de su cuerpo, tengo la capacidad de captar eso y observar también su áurea”

Al parecer esto no logró impresionar a la mujer quien tenía claro que este era el mismo Dr. que le había recetado el famoso Tramadol. “Mmmmm” dijo ella.

El Dr. Wilson nuevamente se concentró ensus pensamientos y luego nos invitó, a mí y a Antoine a conversar privadamente. Nos reunimos entonces en el living del departamento.

Estábamos los tres de pie configurando un triángulo en que cada uno ocupaba un vértice. Watson nos puso una mano a cada uno en la espalda y en tono de complicidad nos dijo:

“Tienen mamá para rato, sus energías están potentes”

Antoine pareció respirar aliviado, eso era exactamente lo que quería escuchar. Sonrío complacido y dándole una palmaditas en el hombro a Wilson le agradeció infinitamente por lo que hacía, se veía emocionado. Entonces Antoine decidió regresar a Francia el mismo sábado.

Yo quedé muy preocupado por el diagnóstico de Wilson. Por una parte me sorprendió la seguridad con que hizo esa afirmación y pensé en lo terrible que sería para la pobre vieja seguir soportando la vida en el estado en que estaba. Mi madre quería descansar y cuando tenía algunos minutos de lucidez expresaba el deseo de irse, de entregarse, ya no daba más.

Por otra parte, yo había tenido la experiencia de acompañar a mi padre cuando falleció y viendo en esos días cómo estaba mi madre me resultaba casi obvio que estaba en proceso de agonía. Su médico no me lo decía pero lo insinuaba. No es muy ético declarar sobre cuánto tiempo de vida le queda a un paciente aunque parezca evidente el desenlace.

Antoine se fue el sábado por la noche…
… a los tres días la mamá falleció.

Volvió para los funerales, que hubo que aplazarlos en un día para que alcanzara a llegar. Tengo la idea de que Antoine se regresó porque tenía verdadero pánico de estar presente cuando su madre dejara de existir.

Del Doctor Wilson nunca más supe. No recibí sus condolencias. Tampoco lo vi en la capilla ni en la iglesia. Su vergüenza, si es que la tiene,  prefirió esconderla en la indiferencia.

Es difícil de entender cómo estos personajes logran embaucar a tanta gente que los ve como verdaderos dioses sanadores y que apoyados por otros personajes de poder, penetran en personas que no dudan de la recomendación que le hacen. Al final se la hace el dueño de la empresa, el jefe o el inspirador.

¡Cómo dudar de gente tan inteligente!

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Acerca de Jorge Olalla Mayor

Publicista, Director Creativo, Coach Ontológico
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