El acoso sexual y el consentimiento mutuo

Al igual que el Mobbing éste uno de los fenómenos más aberrantes que han  impactado a la opinión pública en este siglo XXI.

En realidad ambos fenómenos son discípulos del abuso que algunos seres ¿humanos? imponen a otros seres humanos, desde un pedestal de autoridad, de poder o jerarquía. Se sienten superiores y por tanto se arrogan el derecho de someter a otros, que se sienten inferiores.

El acoso sexual es un acto perverso, cometido por un perverso. Así de simple.

La víctima siempre será alguien con su autoestima muy baja, alguien con serios problemas económicos o de subsistencia. También serán, aquellas personas que por ambición o codicia ven en el acosador a un salvador de su miseria.

Aunque persiguen el mismo fin, el acoso sexual se diferencia de la violación únicamente porque el acosador no ejerce la violencia física. Esta aureola de aceptación o consentimiento de parte de la víctima, hace que el acoso sexual sea un terreno lleno de interpretaciones y complicado de probar. Es por esto, que en el mundo, los acosadores deambulan frente a nuestras propias narices y son tan astutos y poderosos que nadie se atreve a enfrentarlos.

El acoso sexual se manifiesta de muchas formas. El piropo callejero a las mujeres o el manoseo en el metro, son considerados como acoso sexual, ese es el formato  de acoso más obvio y brutal, el más predecible y estúpido.

Hay otro formato de acoso sexual que es de los “caballeros”, de los “inteligentes”, de los “intelectuales”, de los “poderosos”…ese sí que es peligroso. Es el acoso sexual de los perversos narcisistas.

Ellos son por ejemplo el lobo de Caperucita, Antares de la luz, Harvey Weinstein, Monsieur Verdoux y tantos otros famosos y brillantes seductores, que con el poder de sus palabras y promesas son capaces de iluminar el alma más misteriosa y escondida de cualquier jovencita o mujer vulnerable, para poseerla.

“Nunca abusé de una mujer, si algo ocurría era por mutuo consentimiento”

Esta frase magistral, solía decírsela a sí mismo un perverso narcisista, dueño de una empresa, de imagen intachable y mucho poder. Era conocido por su larga lista de conquistas entre sus empleadas, colaboradoras y clientes.
El “mutuo consentimiento” al que se refería este abusador, es difícil de entenderlo en un contexto en que la víctima es una mujer humilde, vulnerable económicamente, a quien éste adula y le hace promesas de una vida mejor. Promesas de un empleo o de estudios, regalos, invitaciones e ilusiones de progreso. El acosador prometerá lo que sea para obtener lo que desea.

Este acosador ya había sido denunciado y demandado en un par de oportunidades. Todo eso le significó millonarios pagos tanto en juicios como para acallar a algunas de las víctimas que amenazaron con denunciarlo.

El modus operandi era siempre el mismo, se interesaba por alguna mujer y desde su pedestal de autoridad se las ingeniaba para intimidar con ellas. Las invitaba a cenar y les contaba de “su triste soledad  a pesar de sus éxitos y poder ” su relato era siempre conmovedor. Las adulaba sin medida, las hacía sentirse importantes “con usted es la única persona que yo puedo conversar sinceramente”. Les pedía masajes y en ocasiones les ofrecía una conversación sobre cómo progresar y el buen vivir, la cual se realizaba en el sofá de algún departamento o pieza de un hotel.

Las promesas eran muy generosas y las expresaba con total sinceridad o cinismo. El acosador promete sin culpa porque cuando lo hace, lo cree. Es parte de su enfermedad.

Algunos testimonios de sus víctimas (las pocas que se han atrevido a hablar) dijeron:

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“Mi patrón me pedía que le hiciera masajes,  que lo acompañara en la noche, me manoseaba e intentaba besarme. Siempre me negué. Yo era la empleada que cuidaba de su madre, esto era muy humillante para mí… yo fui abusada cuando tenía 8 años y así de humillada me sentía con él”

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 “Me pedía que lo acompañar a comprar ropa para él, me decía que yo tenía buen gusto. Me invitaba a almorzar y me hacía regalos. Me prometió un curso de perfeccionamiento y un nuevo cargo en su empresa. Eso para mí fue un sueño. Nunca cumplió lo que me prometió y yo accedí a acostarme con él. Tenía miedo de que no cumpliera su promesa y yo deseaba con toda mi alma una oportunidad de surgir”

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“Yo no lo podía creer cuando ese poderoso señor se fijó en mí que era una recepcionista del hotel en que se alojaba. Me decía que yo era la única persona con la cual podía conversar sinceramente. Para mí fue como volver a nacer, había sufrido muchas decepciones. Me ofreció que fuera su secretaria personal durante unos viajes futuros que haría.
Durante el primer viaje llegó a mi habitación, pidió comida. Me hablaba y hablaba hasta que se abalanzó sobre mí para besarme. Tuve el coraje de rechazarlo a pesar de lo entusiasmada y necesitada que estaba de tener un trabajo como ése y el cual, por supuesto, perdí”

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“El la va probando a uno de a poco, siento que se aprovecha de su poder y del dinero; porque cuando una mujer necesita y tiene carencias económicas a veces cae por necesidad.  El siempre nos deja de mentirosas o mal psicológicamente porque nadie se atreve a denunciarlo y es por miedo a su poder, porque con plata se hace mucho. El está enfermo y se acostumbró a esa vida que a lo mejor lo satisface pero en el fondo debe tener un gran vacío Lo perdoné y esto me sirve para más adelante por si llego a pasar por una experiencia así, seré más valiente y lo voy a denunciar. Toda situación mala o buena sirve en la vida

 

El acosador es un ser incapaz de amar y quienes son incapaces de amar aprenden a adular, convirtiéndose en maestros de esa disciplina. Sus víctimas no se resisten a sus adulaciones y así les abren la puerta de la confianza.

La bajeza más vergonzosa es la adulación, los abusadores se rodean de aduladores porque ningún hombre de espíritu elevado los adularía. Los aduladores son cómplices del abusador haciendo la vista gorda y tapando sus fechorías.

Cuando alguien lo enfrenta o le muestra lo que está haciendo, el abusador dirá que esa persona está enferma, que tiene problemas psicológicos. Dirá siempre que esa gente le quiere hacer daño o por envidia o por resentimiento.

Esta es una de sus facetas más perversas puesto que la persona que fue acosada o abusada no sólo debe cargar con esa humillación, además es acusada de enferma o de inventar historias con oscuros fines. El abusador es tan convincente y su capacidad de victimizarse parece tan sincera que a veces hace que las propias víctimas se pueden confundir en sus dichos.

Nunca dejes que nadie te diga
que lo que ves con tus propios ojos
no está sucediendo”

 

El acosador tiene la capacidad de reencantar a mujeres que han sufrido mucho en la vida, que han tenido grandes decepciones, que han sido abusadas, que viven apremios económicos, que están solas o se sienten solas. Mujeres que están necesitadas de afecto y seguridad.

Es en ese contexto donde este personaje irrumpe como un salvador y a esas mujeres les abre un mundo de posibilidades con sus adulaciones y promesas. Por eso el desenlace es tan triste y tan cruel. El sentimiento de ser abusada, engañada, burlada y manoseada, puede llevar a una mujer a una depresión profunda y de consecuencias insospechadas. Su autoestima cae al más bajo nivel.

No es de extrañarse que este tema haya surgido abruptamente a nivel internacional, involucrando a poderosos e importantes personajes.  Muchos de ellos son líderes en diferentes dominios, gozan de una imagen impecable… y viven en la más absoluta incoherencia.

 

“El deseo cuando es prohibido se llama tentación y es el más excitante, el más irresponsable, el más nocivo, el que hace perder la razón, el que rebaja los valores
y el que desafía sin respeto todo aquello que es sagrado.
La tentación le da a la buena vida un giro fatal”

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