La codicia arrasa con las familias

“La codicia es insaciable y seguirá su corrosiva maniobra
hasta que una brisa de bien les dé una pausa para reflexionar”

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Los ejemplos están surgiendo a borbotones. La codicia en el seno familiar provoca odios y vergüenzas tan grandes como el amor que hubo.

Esto queda demostrado en la cantidad de hechos que han sucedido, que se han descubierto y se han expuesto a la opinión pública. Un fenómeno que es transversal a todas las familias casi sin excepción. La codicia siempre encontrará a un yerno o nuera, a un hijo o a un tío, a una sobrina o primo, para captarlo como cliente.

Un senador de la República, hasta el día de hoy insiste en negar lo que todos sabemos que hizo y sigue negando. A pesar del terrible esfuerzo que debe hacer por sostenerse pública y privadamente en esa mentira, el decidió no dar pie atrás. Su imagen pública cada vez se deteriora más y el cree que confesar su mentira sería peor. Lo que no es así, ya que la honestidad al menos le daría un barniz de dignidad.

Lo peor es que este Senador  involucró a sus hijos en esta mentira, que a su vez es un engaño para ocultar dineros ideológicamente falsos recibidos. Sus hijos también deben mentir para explicar la mentira que sostiene su padre. Ellos aceptaron lo que él les pidió u obligó y no se atrevieron a desafiarlo.

Cada vez que ellos declaran salen más evidencias y entonces él y sus hijos deben mentir aún más. Algunas de sus declaraciones son hilarantes, completamente descaradas. Un verdadero insulto para la inteligencia de los ciudadanos.

En otro lugar cercano, aparece un yerno voraz dispuesto a satanizar a su suegro, quien para casi todo el mundo, es un buen tipo, trabajador, hacedor, ingenioso, divertido, auténtico y simpático Alcalde. El Yerno está dispuesto a todo para destruirlo y además tiene a su princesa raptada, la hija regalona que sucumbió a este perverso. Esa ventaja es abusiva.

La codicia operó ahí y logró plenamente sus objetivos. La codicia es insaciable y seguirá su corrosiva maniobra hasta que una brisa de bien les dé una pausa para reflexionar.

Los valores humanos sólo se pueden instalar con el ejemplo.

Las autoridades, los padres, los líderes, los jefes, los inspiradores, los referentes… todos ellos deben honrar y ejercer los valores. No hay excusa para no hacerlo.

Cuando un partido político conocido y familiar, juega en una cancha que está rayada por sus adversarios y a la que públicamente han jurado jamás compartir… ese partido político deja de existir como partido y sólo lo mantendrá una pobre explicación que compartirán los cómplices, los mismos corruptos que se beneficiaron.

Muchas veces confundimos la ambición con la codicia. La ambición tiene un límite que lo impone el conseguir el logro que se ambicionaba. La codicia no tiene límites y ni siquiera descansa para disfrutar lo codiciado. Es más y más, no importa cuánto ni cómo.

¿Será necesario referirse al hijo y a la nuera?

Ahí se juntaron el sueño y las ganas de dormir. Presumían de un poder que en realidad no poseían y que todos pensaban que tenían, por eso accedían a sus negocios y manipulaciones, unos por miedo y otros pensando que por ahí podrían tener una posibilidad de trepar.

No tenían límites, era más y más y había que obtenerlo a como de lugar. No importaba la forma, ni la legalidad, se creían poderosos por sobre todas las cosas y al final el saco se rompió y cayeron todas las monedas, inclusive la del palacio, que nunca pudo recuperarse.

 

Valores humanos
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