La inconfesable batalla de Claudia y Magdalena

H I S T O R I A S   O R G A N I Z A C I O N A L E S   P E R V E R S A S

 

“Una persona perversa tratará de desangrarte.
Nunca verá la última gota.
Y todo lo que haga, le parecerá justo”
(Gabriel Salcedo)

 

Las copas chocaron, el pisco sour se remeció y las gotas de amargo
de angostura se mezclaron abruptamente con el trago.

Salud Magda!! , entonó Claudia

Salud Clau!!, resonó Magdalena

 

I

 

Claudia y Magdalena eran profesionales, ejecutivas, bien preparadas, frías, calculadoras, trepadoras y perversas. Muy perversas.

Recientemente ambas habían participado juntas en una larga batalla en la empresa, que culminó con la renuncia del Gerente General. Todo esto, después de casi un año de tensión, de presión y de acoso para obligarlo a renunciar. Ahora vendrían nuevos tiempos para la prestigiada Escuela Internacional de Formación Profesional Savoir Vivre, y el poder les llegaba a sus manos.

Serían ellas las que ahora decidirían los destinos de la Escuela Internacional Savoir Vivre.

Muchas veces durante la batalla, ambas  soñaron en lo que harían cuando el Gerente General se fueraEsa fue la misión que les había encargado el dueño.
Fue un desafío y un juramento para ambas.

Antoine, el dueño de la empresa, había depositado su confianza en Claudia. Al Gerente lo quería fuera, decía que era un incompetente, pero en realidad el Gerente no estaba aceptando malas prácticas financieras del dueño y lo había enfrentado en un par de oportunidades.

Durante casi un año lo fueron estratégicamente acosando, pero éste porfiadamente se negaba a renunciar. Por eso había que obligarlo, minando su imagen, hacerle la vida imposible… y funcionó.

 

Claudia y Magdalena se habían reconciliado después de una batalla personal que tuvieron y que nació en el exacto momento en que se conocieron. Ahora les toca sumar fuerzas en esta otra batalla que, a ambas, les conviene ganar. Claudia sería la nueva Gerente General.

Antes se odiaban cordialmente. Ahora eran aliadas.

Claudia le prometió a Magdalena que cuando la nombraran como la nueva Gerente General de Savoir Vivre, ella sería parte del Directorio Internacional, asumiría nuevas responsabilidades… y por supuesto su renta mensual crecería. Magdalena era la Gerente de Finanzas de Savoir Vivre.

Celebraron su éxito como dos lobas hambrientas que finalmente logran faenar a su presa.
Saciaron su odio y se juraron lealtad.

 

Si bien ambas eran parecidas en muchos aspectos, también eran diferentes en otros.

Magdalena tenía unos 37 años, hija de un empresario, casada, su marido era más joven que ella y tenían un hijo pequeño de dos años. Magdalena medía un metro cincuenta y cinco y su falta de estatura la suplía con un fuerte carácter. En Savoir Vivre le temían, casi nadie la quería.

Claudia tenía unos 55 años, luchaba por aparentar menos. Se teñía el pelo rubio y usaba mucho maquillaje para ocultar algunas arrugas y la carencia total de cejas. Nadie sabía de su familia, jamás hablaba de ello. Era extranjera, no se le conocía pareja y había sutiles sospechas de que era lesbiana o algo así. Hablaba bajito y con voz de niña.

 

De cómo llegaron ambas a Savoir Vivre, eso es una historia muy larga. Sólo sabemos que ambas llegaron vestidas de ángeles y encantaron al dueño con sus ideas de progreso.

 

A poco de asumir, la nueva Gerente decidió empoderarse. Para ello, despidió a dos profesionales que no le agradaban y además le parecían leales al anterior Gerente.
Ambos despidos fueron ideados de una forma muy perversa, humillante y abusiva para que su impacto fuera un verdadero escarmiento y un aviso para todos quienes trabajaban en Savoir Vivre, la Escuela Internacional de Formación Profesional.

Tuvo mucha suerte de que esos funcionarios no se hubieran asesorado legalmente y la hubieran demandado por abuso laboral.

Claudia los despidió con la aprobación del dueño. Esto se había acordado en una conversación vía Skype en la cual ella le dijo a Antoine, susurrándole con su vocecita de niña:

“Antoine, debo compartirte algo que me tiene muy triste.
Florencia y Cristián se niegan a darme autoridad como Gerente. Yo los entiendo, ellos eran muy cercanos al ex Gerente y desde que él se fue, yo siento en mi corazón que ellos no me aceptan. Lo he intentado por todos los caminos sin éxito, por eso acudo a tu sabiduría para que me ayudes a tener, aunque me parta el alma,  la fuerza y la decisión para terminar con este problema.
Es muy importante para nuestro sueño en Savoir Vivre”

El dueño (Dios lo bendiga)  estuvo en total acuerdo de que la permanencia de esos funcionarios era un riesgo para la confianza y privacidad de Savoir Vivre. Dio su total aprobación a desvincularlos.

Nunca habló con ellos ni se enteró de cómo fueron despedidos. En realidad tampoco eso le interesaba mucho.

Magdalena por su parte felicitó a Claudia por esa muestra de autoridad. Despedir a Florencia y Cristián era algo que ella venía aconsejándole y animándola hacía rato, para que se atreviera finalmente a hacerlo.

 

 

II

 

 

Y fue luego de este incidente que Magdalena le pidió a Claudia reunirse.

Había pasado ya un tiempo prudente y Magdalena se sentía frustrada y molesta. Las promesas que ambas se habían hecho no se cumplían y ni siquiera se hablaba de eso.

En esa reunión Claudia escuchó a Magdalena, quien le pidió explicaciones acerca de cómo iba lo prometido y cuándo sería invitada a las reuniones del Directorio;  también  saber qué pasaba con ese aumento que no llegaba.

Entonces Claudia le dijo:

“Estoy cansada de insistirle a Antoine para conversar de estos temas, pero él me rehúye. Me da la impresión de que está lleno de problemas que requieren urgencia y su cabeza no está disponible, por ahora, para abordar esto. El próximo Lunes tengo reunión por Skype y volveré a preguntarle”

Mientras Claudia le decía todo eso a Magdalena, ni siquiera la miraba a los ojos y seguía concentrada escribiendo algo en el computador.

 “Claudia, los compromisos son compromisos y tú me prometiste que eso lo harías cuando fueras Gerente General. Ahora que lo eres bien puedes decidirlo tú sin necesidad de preguntarle a nadie. Antoine está a miles de kilómetros y ha depositado la total confianza en ti”  le replicó Magdalena.

Claudia se sacó los anteojos y alisándose el cabello le dijo con expresión de abrumada:

“Ay Magdalena, déjame por favor hablarlo con él, el Lunes, y te doy una respuesta”

“¿Darme una respuesta? Pensó Magdalena… ella tiene que darme lo que prometió y no una respuesta… Eso no tiene nada que ver con lo que acordamos”

Magdalena seguía  pensando, mientras su sangre comenzaba a hervir. Contó hasta diez y le dijo

“Muy bien Claudia, el Lunes me cuentas cómo te fue”.

 

Magdalena que era muy aguda y desconfiada, se dio cuenta de que su aliada iba marcha atrás. Ya hacía un tiempo que no la consultaba ni se reunía con ella, como había sido durante la batalla con el ex Gerente, le daba la impresión que la esquivaba. Estaba claro que algo muy turbio estaba pasando.

Por otra parte, Magdalena sabía muy bien que estaba en manos de Claudia, ella era la que hablaba y se reunía con Antoine y podía manipularlo a su antojo. Tuvo la intuición de que Claudia la estaba traicionando, era una hipócrita, lo notaba en su mirada, en su hablar ¡en todo! No se hizo ilusiones respecto a esa conversación que Claudia tendría ese lunes y decidió prepararse.

Por otra parte, en lo personal, Magdalena no pasaba por un buen momento con su marido. En realidad estaban, o mejor dicho él estaba, a punto de separarse y… más encima le sucedía esto en su trabajo.
Su sangre comenzaba a hervir.

La ira se apoderó de su mente.

 

Tal como ella lo había imaginado, el Lunes Claudia le dijo que no se podrían reunir ya que Antoine le había suspendido la conferencia vía Skype y no tenía ninguna “respuesta”.

El Martes tampoco se reunieron y recién el Miércoles, Claudia le avisó a Magdalena que esa tarde tendría la conferencia con Antoine y al otro día podrían conversar a primera hora.

Magdalena respiró profundo y con cara de ingenua le preguntó “¿No es mejor que yo también participe en esa reunión?”

“Déjame preguntarle a Antoine y te aviso” le respondió Claudia, algo descolocada con la pregunta.

Claudia no le avisó ni tampoco le consulto al dueño si Magdalena podía participar de esa conferencia. El jueves en la mañana Magdalena temprano  irrumpió en la oficina de Claudia, quien recién venía llegando.

Se saludaron como si nada estuviera pasando y en realidad poner cara de que nada estaba pasando en esas circunstancias es un arte.

“Prepárate un par de tazas de café y reunámonos” le pidió Claudia.

“¿Conversaste con él?” le pregunto Magdalena mientras ponía el hervidor.

“Sí, sí” respondió Claudia

¿Y… qué dijo? la apuró Magdalena.

“Bueno… en realidad Antoine se molestó mucho de que en estos momentos estuvieras preocupada de un aumento de sueldo en circunstancias que recién estamos saliendo de una crisis…”

“Eso tú me lo ofreciste” la interrumpió Magdalena. “Fue un acuerdo entre ambas y tú ya te arreglaste el sueldo ¿O no?”

Claudia intentó calmarla.

“Esperemos un poco Magdalena hasta que se dé una mejor oportunidad… que Antoine esté más tranquilo y así será más fácil…”

“¿Y lo del Directorio? Insistió Magdalena, trizando la calma.

“Bueno… sobre eso… me dijo que prefería decidirlo más adelante y sería tal vez para este otro año, pero que si había materias financieras urgentes podrías participar en algún Directorio…”

“Entonces yo voy a hablar con él ¿qué te parece? Interrumpió Magdalena con un tono algo amenazante. Estaba a punto de estallar pero decidió tragarse ese paquete de basura que le arrojaban.

“No lo creo necesario… pero si insistes yo le pediré una reunión contigo….” Le dijo cínicamente Claudia.

“No es necesario, la pediré yo” respondió Magdalena intentando reflejar seguridad. Se levantó y con una sonrisa le dijo a Claudia  “Nos vemos”

Claudia no la miró y abriendo un cajón de su escritorio, como buscando algo, se refugió  para responder sin palabras y en la indiferencia..

 

Magdalena estaba herida, Claudia estaba barriendo el piso con ella. La guerra entre ambas estaba declarada.
Los perversos se declaran la guerra en pocas y entendibles palabras. Saben muy bien que después de esto sólo una sobrevivirá y si por milagro ambas sobreviven, va a ser en trincheras completamente opuestas.

 

Mientras Claudia marcaba el Skype de Antoine, ensayaba caras virginales, sonrisas ingenuas e impecabilidad profesional (la impecabilidad le fascinaba al dueño).

Para su suerte, Antoine estaba disponible y apareció su imagen en la pantalla.

“Claudita… pero que grata sorpresa, cuénteme mi amor….” (Antoine era coqueto y un seductor empedernido con las mujeres)

Ahí Claudia sentada en su impecable escritorio, con su impecable cuaderno y su impecable oficina, le dice “Ay Antoine, por favor disculpa que te moleste… estoy tan agotada. Es que además de todo lo que hay que hacer surgió un problema que no sé cómo decírtelo….

”Pero… por favor dígamelo, no me deje con preguntas… con toda confianza” suplicó Antoine.

“Bueno tu sabes el carácter de Magdalena. Hubo un tiempo que anduvo muy bien, trabajamos juntas, fue una muy buena colaboradora pero…. ahora quiere un aumento de sueldo y me exige que ella debe estar en el Directorio y otras cosas. Estoy desesperada con esto, porque siento que no estamos avanzando. Hablé con ella y no escucha razones…. ahora quiere hablar directamente contigo…”

Antoine la escuchaba a medias, la otra mitad de su atención estaba en una reflexión sobre la crisis del nuevo siglo. Sin embargo el concepto de lo que Claudia le dijo logró captarlo, a su manera, y luego de una pausa le dijo:

“¿y qué sugieres?”

Claudia le respondió:

“Bueno… a mí me gustaría contar con tu confianza para poder actuar frente a esto de la mejor manera, cuidando lo que sea mejor para Savoir Vivre y para nuestro sueño…
Te confieso que estos últimos días veo a Magdalena inestable, ansiosa, como perturbada… y eso me preocupa”

Todo esto Claudia lo decía de la misma forma como la alumna más aplicada de la clase, hace una pregunta con respuesta para impresionar a su profesor.

Antoine le respondió:

“Mira Claudia, tú estás en ese puesto no sólo porque confiamos en ti y te admiramos profesionalmente. Estás ahí porque el Universo confabuló para que llegaras… y eso amiga mía es algo muy grande. Nuestro sueño está en las mejores manos. Adelante en tus decisiones y no dejes de informarme”

Antoine era histriónico y le gustaba empoderar y adular a sus colaboradores, con tal de que lo dejaran tranquilo.

Era usual escuchar a sus principales colaboradores referirse al “sueño”, nadie sabía cuál era ese sueño y tampoco nadie preguntaba cuál era.

Terminó la conversación y Claudia lucía radiante, susurraba una canción y se miraba al espejo. Su jefe le había colocado nuevas condecoraciones que la empoderaban aún más.

“Veamos entonces qué hará Magdalena” pensó musicalmente en silencio.

 

Claudia ya no estaba cómoda con la complicidad que había construido con Magdalena. No confiaba en ella, temía traiciones y decidió adelantarse. Antoine le había dado luz verde y eso era lo más importante. Ahora había que despedirla y eso era exactamente lo que iba a hacer.

Por su parte Magdalena le envió un e-mail al dueño pidiéndole una reunión por Skype. Como Antoine no le respondía decidió llamarlo directamente. Antoine no tuvo más remedio que contestar.

Magdalena le habló de su compromiso con la empresa, sus logros, la ayuda que le había brindado a Claudia y los compromisos que habían hecho. Le mostraba cifras. Estaba nerviosa y airada. No se pudo resistir y le tiró un poco de veneno a Claudia.
Mientras Magdalena hablaba y hablaba, Antoine se dio cuenta que el tema  se estaba complicando y podía perjudicar el buen andar de la Escuela.

Intentó calmarla y le dijo:

“Magdalena, todos estamos nerviosos y alterados con lo que nos ha tocado vivir estos últimos meses. Quiero agradecer tu inestimable colaboración, dedicación y profesionalismo y te pido paciencia y calma. Me parece que estás muy cansada, estresada y eso no deja pensar bien.
¿Qué te parece mi querida, si tomas unas vacaciones de un par de semanas para bajar las tensiones, calmar el espíritu y cargar energías?, te queremos en plenitud, con todos tus dones”

Magdalena, se dio cuenta de que le estaban ofreciendo una digna agonía. Al Gerente anterior también le habían dado un par de semanas de vacaciones y a la vuelta le tenían preparado el funeral. Recordó con rabia, que esa idea se la había propuesto ella misma a Claudia.

“Gracias Antoine por tu comprensión, voy a reflexionar en esas vacaciones y luego del fin de semana te doy mi respuesta” le dijo Magdalena despidiéndose.

 

10 minutos más tarde Antoine llamó a Claudia para contarle la conversación que tuvo.

“Claudia, te digo esto confidencialmente. Magdalena me llamó y me contó de unos acuerdos que habrían hecho ustedes, que no los hice yo, y me di cuenta de su estado. Está desestabilizada y prefiero que tome un par de semanas de vacaciones mientras vemos qué vamos a hacer al respecto”

A Claudia le pareció escuchar música celestial. Se daba cuenta que estaban en total sintonía con el dueño.

“Tienes toda la razón Antoine. Lo único que me preocupa es que ella decida no tomar esas vacaciones” le dijo Claudia  con cara de pena.

“Si eso sucede se lo voy a pedir como Presidente Internacional de Savoir Vivre, y que ¡debe tomar esas vacaciones!”

Claudia se asustó. Siempre se asustaba cuando Antoine se enojaba.

 

III

 

Después de ese fin de semana, tal cual lo prometió, Magdalena le envió un e-mail a Antoine:

 “Antoine: Tal como te dije, hoy te voy a dar mi respuesta, ¿a qué hora te llamo?”

“Llámame en una hora más” le respondió el dueño.

A la hora, Magdalena se acomodó en su oficina, se arregló bien y llamó al dueño.

Antoine la saludó cariñosamente y luego de unas palabras informales entre ambos, Magdalena le dijo:

“Antoine, en primer lugar quiero agradecer tu preocupación por mí. En realidad me doy cuenta que tienes razón de que estoy agotada y estresada. Los últimos meses han sido muy duros y es importante darse una pausa. Agradezco y acepto tu generosa oferta de dos semanas de vacaciones las cuales tomaré a partir de la próxima semana”

Antoine dio un respiro y le expresó su alegría por la decisión. Le aconsejó algunos lugares donde podría ir de vacaciones. Ella le respondió que con seguridad iría con su marido a España.

Antoine llamó a Claudia y muy satisfecho le contó lo que habían conversado con Magdalena y ésta aceptó tomar esas vacaciones.

Claudia, que también es muy astuta se sorprendió. No hubiera imaginado esa respuesta de Magdalena (“Es como demasiado conveniente… aquí parece que hay gato encerrado” pensó inquieta)

Se las ingenió para hablar con Magdalena y le dijo que Antoine la había llamado…

“Así es, le dijo Magdalena, agradecí su oferta de vacaciones y la verdad Claudia es que las necesito. Quiero descansar, recuperarme y volver con las pilas renovadas. También creo que nosotras hemos tenido un desgaste en nuestra relación y estoy segura de que volveremos a trabajar como antes”

“¡Claro que sí!” dijo Claudia entre aliviada y preocupada

(“Esto está como que demasiado perfecto”, pensó inquieta)

 

La semana siguiente Magdalena no se fue. Dijo que no había pasajes para esa semana y que habían hecho reservas para el final de la semana siguiente.

Durante esos incómodos e interminables días previos a su viaje, apenas se cruzaron con Claudia y cuando eso sucedía ambas se miraban y se sonreían como lo hacen los ángeles, angelicalmente.

Cuando Magdalena, finalmente, se fue de vacaciones, Claudia se puso de cabeza a buscar a su reemplazante. Apenas Magdalena volviera de vacaciones la iba a despedir, esa ya era una decisión tomada y el dueño estaba de acuerdo.

Pasaron las dos semanas de vacaciones y Claudia recibió un email de Magdalena con copia a Antoine.

“Claudia: tuve una complicación gástrica y tuvieron que internarme. Estoy en Madrid y debo permanecer unos días en la clínica, hasta saber exactamente lo que me sucede. Esto significa que no puedo regresar hasta al menos un par de semanas, tiempo que demorará mi recuperación. Espero que todo esté bien por allá y les agradezco su comprensión.
Los extraño mucho

 

Claudia habló con Antoine y comentaron lo que le estaba sucediendo a Magdalena. Antoine no le dio importancia, por el contrario, él y Claudia pensaron casi al unísono: “Estamos tan bien sin ella, que da lo mismo que se quede unas semanas más…” La sintonía entre ambos era cada vez más fina.

Claudia le respondió a Magdalena tranquilizándola, deseándole que se recuperara pronto y que en Savoir Vivre la estaban esperando. Lo que omitió decir fue que la estaban esperando… para despedirla.

Pasaron casi tres semanas y al regresar de su viaje, Magdalena pidió una licencia médica por otras dos semanas más. Llamó a Claudia y le contó que sentía que no estaba recuperada: “necesito estar a un 100% para reincorporarme al trabajo”

Claudia nuevamente quedó confundida, tenía todo organizado para despedirla “¿estará sospechando algo?” se preguntó. Ya tenía incluso a quien la iba a reemplazar. Intentó poner una voz natural y le dijo “No te preocupes Magda, lo importante es que te recuperes y llegues pronto”.

Magdalena sonrío: “Te lo agradezco Clau”

En esta conversación ellas se nombraron como cariñosamente lo hacían en sus mejores tiempos, cuando trabajaban codo a codo: Magda y Clau.

 

IV

 

Pasadas esas dos semanas Magdalena apareció finalmente, después de más de dos meses, de ausencia en Savoir Vivre. Saludó a la gente y subió a la oficina de Claudia.
Ella bien sabía que la iban a despedir.

Saludó con un beso a Claudia, hablaron del viaje, de su paso por la clínica en Madrid y sus ganas de volver a trabajar. De repente hubo una pausa y Claudia le dijo:

“Magdalena yo necesito decirte algo”  balbuceó Claudia.

“Primero déjame por favor darte una maravillosa noticia ¿sí?” le rogó Magdalena.

“Oh, claro por supuesto”, le respondió Claudia con santa paciencia.

“¡Estoy embarazada!, le va a llegar un hermanito a Panchito. Con Sergio, mi marido,  estamos felices con esta nueva. ¡Dime si no es maravilloso!”

Claudia se congeló, comprendió todo y se lamentó de haber sido sorprendida de esa manera tan obvia. Ahora Magdalena tendría dos años de fuero, sin que la puedan despedir

“El único problema, continuaba hablando Magdalena, es que en unos  5 meses más tendré el prenatal y estaré fuera unos 6 a 7 meses… que pena ¿no?”

Claudia la escuchaba y hubiera querido matarla.

Magdalena lo había planeado todo minuciosamente y había derribado dos pájaros con un solo tiro. Se aseguró en el trabajo y por otra parte su marido decidió no separarse ¡cómo iba a dejarla sola en esas circunstancias!

Claudia estaba aterrorizada de tener que llamar a Antoine, que esperaba ansioso, y contarle las novedades.

Tuvo que hacerlo.

Fue un duro golpe. Ambos se sintieron unos estúpidos.

Claudia no pudo dormir esa noche. A Antoine le costó conciliar el sueño.

 

Pasaron 5 meses…

Durante ese interminable tiempo Claudia y Magdalena sólo hablaban lo justo y necesario. Todos en Savoir Vivre sabían lo que sucedía. Fueron 5 meses horribles en especial para Claudia que había perdido todo ese empoderamiento que tenía. Era patético verlas juntas en las reuniones.

Finalmente Magdalena se fue con pre natal y Claudia trajo a Susana, a quien había seleccionado anteriormente para reemplazarla.

Claudia volvió a sonreír. Al menos tendría a Magdalena lejos por un buen tiempo.

Al mes siguiente Magdalena dio a luz a un robusto varoncito. Claudia no la fue a ver a la Clínica, pero le envió un ramo de flores en nombre de la empresa. La llamó para felicitarla y disculparse por no ir ya que estaba con mucho trabajo.

A esas alturas mentir descaradamente daba lo mismo.

 

Cuando Magdalena regresó a trabajar, luego del post natal, decidieron mantener a Susana, quien la estaba reemplazando. Era una forma de presionar a Magdalena y también para Claudia era una solución para así estar informada de las finanzas (y de Magdalena) por una persona de toda su confianza.

Sin embargo Magdalena que tenía un gran carácter, le advirtió a Susana, que la jefa era ella y que no iba a aceptar que la pasara a llevar. De ahí para adelante Susana se reunía sólo secretamente con Claudia para informarle.

Magdalena tenía un año de fuero por delante y no la podían echar. La tensión era irrespirable.

 

El tiempo fue pasando y un mes antes de que se cumplieran los dos años de fuero maternal que protegían a Magdalena, Claudia se preparó para por fin para despedirla.
Antoine no cesaba de quejarse por la situación. No podía aceptar que una funcionaria tuviera inmovilizada a la empresa y que ni él  podía removerla.

Habían esperado ya pacientemente, casi dos años para sacarla de la empresa. Dos largos años incómodos, con la sensación de ser abusados y obligados a tener a alguien no grato en Savoir Vivre y nada menos que a cargo de las Finanzas.

Durante ese tiempo Claudia intentó estar calmada, hacía meditación para no colapsar sus pensamientos. Para ella habían sido dos años eternos  con la sensación permanente de un moscardón zumbando en sus oídos. Necesitaba urgente estar en paz para dedicarse por completo a Savoir Vivre y a Antoine, su jefe y su inspirador.

Ese día Claudia y Antoine estaban coordinados. Claudia hablaría con ella y se comunicaría de inmediato con él. Antoine quedó ansioso esperando esa conversación.

Temprano, Claudia llamó a Magdalena por el teléfono interno y le pidió que fuera a su oficina.

Magdalena subió al segundo piso y entró a la oficina de Claudia. Se sentó frente a ella y mirándola muy fijo le dijo: “¿Me vas a despedir verdad?”

Claudia se sorprendió y se atemorizó: “¿Por qué dices eso?”

Porque eso es lo que has estado esperando estos dos años ¿no es así?, ¡no te hagas la cínica conmigo! remató Magdalena.

Claudia no se dejó intimidar y pasándole un sobre le dijo secamente: “Aquí está tu finiquito. Por favor fírmalo”

“Déjame pensarlo, respondió Magdalena, y hablemos el lunes” (era un día viernes).

No tomó el sobre que le estaba entregando Claudia, se levantó de la silla y se fue.
Claudia quedó con el finiquito en su mano, furiosa y angustiada ¡Qué le voy a decir a Antoine!

Cuando Claudia llamó a Antoine, éste de inmediato le preguntó ¿Y… todo bien?”

“Bueno… este… ella no firmó” le dijo Claudia casi tartamudeando.

“¡Cómo es posible que no haya firmado!” exclamó Antoine furioso.

“¡Hasta cuándo tendremos que soportar esto. Si el lunes no firma haremos una denuncia!” gritaba enfurecido.

Claudia no sabía qué hacer. Intentó calmarlo:

“Antoine, esperemos hasta el lunes, ya hemos esperado tanto que dos días más no son nada. Verás que todo se va a solucionar, tengamos fe. Yo también estoy muy mal con esto, todos estamos mal con esto….” Claudia comenzó a sollozar.

Antoine se calmó. Claudia tenía el don de relajarlo.

 

Ese fin de semana Claudia casi no durmió, el moscardón zumbaba y zumbaba en sus oídos. Ella tenía un presentimiento que no podía descifrar pero intuía que no era nada bueno. Pensó que Magdalena los podría denunciar por algo, o que les pediría una indemnización mayor a la que le correspondía… o que iba a pedir más licencias médicas… pasaron muchas ideas por su cabeza. Ella bien sabía que Magdalena era capaz de cualquier cosa.

Lejos de ahí, en Francia, Antoine intentaba dormir pero, repentinamente… comenzó a oír el zumbidos de un moscardón que se lo impedía.

Llegó el lunes y Magdalena subió muy decidida a hablar con Claudia.

Se sentó frente a ella y le preguntó con un tono algo desafiante:

“¿Y bien…en qué estábamos?”

Claudia la miró muy seria y sin hablar, le pasó nuevamente el sobre con el finiquito. Magdalena lo tomó, lo dejó a un lado y le pasó otro sobre.

Claudia sorprendida y con temor abrió el sobre que le pasó Magdalena. En su interior había un examen médico que diagnosticaba positivo:

Magdalena estaba nuevamente embarazada.

Claudia se puso pálida.

Magdalena se reía “¿no es maravilloso?me encantaría que tú y Antoine fueran sus padrinos” Le decía sonriendo con un leve sarcasmo dibujado en su boca.

 

V

 

Si hay algo delicado en este país y en muchas partes del mundo, es lidiar con una mujer embarazada. Ya lidiar con una mujer que no está embarazada lo es…

La ley y la opinión pública siempre estarán a su favor y lo que ella diga tiene un peso 10 veces superior a lo que diga el otro. En las organizaciones esto lo saben muy bien.

Antoine recurrió a un asesor y a un abogado para que lo orientaran. Ambos profesionales fueron muy francos con él “no hay nada más que hacer: o esperan dos años o le pagan dos años”

Por otra parte la Escuela Savoir Vivre estaba posicionada con valores, misiones y visiones humanitarias, que la dejaban en una posición muy débil para oponerse o cuestionar una situación como ésta. Antoine no podía creer que esta pesadilla continuaría por al menos dos años más (desde que Magdalena no decidiera embarazarse otra vez y otra vez)

Para Antoine pagarle dos años (24 sueldos) le dolía el alma… entre otras partes del cuerpo.

Era una trampa mortal.

Claudia quedó muda, estaba aterrada, no podía creer que estuviera viviendo una pesadilla así. Rogaba por despertar en algún momento pero igual seguía la pesadilla. Magdalena la estaba destruyendo y no podía reaccionar, estaba completamente derrotada y toda su seguridad quedaba en riesgo.

Pensó en muchas cosas, inclusive renunciar. Pero algo decoroso como eso no estaba en sus planes, decidió sumergirse un poco y esperar que el vendaval pasara.

El ambiente en Savoir Vivre era de rumores y silencios. Oficialmente no había ninguna información a pesar del olor a podrido que se respiraba.

No era el momento de hablar con Antoine. El tampoco quería hablar con Claudia.

La situación estaba muy tensa. Todos se culpaban.

Magdalena sonreía mientras acariciaba su incipiente panza.

 

 

La vida continuó en Savoir Vivre como si nada hubiera pasado o estuviera pasando. El tema no se tocaba, estaba en reposo, mientras no surgiera alguna idea nueva o un milagro, nada cambiaría el panorama.

Claudia eso sí, estaba llena de odio, completamente resentida. Pensaba y pensaba en cómo vengarse, cómo destruirla, su mente no paraba de pensar e imaginar una revancha.

Eso era en su interior, pero en su exterior se mostraba tranquila, muy ocupada, humilde. El resentimiento es un lobo con piel de oveja.

La única persona de su confianza era Susana, quien se integró definitivamente al equipo de finanzas. Susana tenía como jefa directa a Magdalena y el trato con ella era exclusivamente profesional. Al igual que Magdalena, Susana era muy aplicada y eficiente, respetaba la autoridad de Magdalena y ésta a su vez no la molestaba a pesar de saber que ella y Claudia eran amigas.

Claudia y Susana eran muy amigas. Los fines de semana los pasaban juntas, o en el departamento de Claudia o en la confortable casa de Susana. Ella era separada y tenía dos hijos para quienes Claudia era su “tía”. Durante las recientes vacaciones Claudia y Susana  pasaron cinco días en un crucero por el Caribe. Ni siquiera Antoine se enteró.

Susana ya estaba acostumbrada a escuchar la rabia de Claudia y siempre intentaba calmarla, era muy católica y siempre le decía “Tranquila Claudia, tranquila, hay que tener fe en Dios”.

Claudia lloraba de rabia.

“Yo te había prometido que ibas a ser la Gerente de Finanzas y mira lo que está pasando…” se lamentaba hasta las lágrimas.

“Por mí no te preocupes, Dios sabe cuándo deben ser las cosas…” le decía su amiga.

 

VI

 

Es muy probable entonces, que Dios sabía lo que iba a suceder.

 

La indiferencia es capaz de perforar
hasta el mismísimo acero.

 

Magdalena estaba ya cerca del cuarto mes de embarazo, su panza ya algo se notaba. Ella asistía a algunas reuniones internas pero poco participaba. Si el tema no era exclusivo de finanzas a ella no le importaba.

En Savoir Vivre ella no lo estaba pasando bien, prácticamente toda la organización la estaba  rechazando, nadie podía entender que se hubiera embarazado para que no la echaran ¡y dos veces!

Magdalena comenzó a sufrir la indiferencia de todos sus compañeros de trabajo.
Claudia poco a poco y sutilmente se fue encargando de aislarla e ir destruyendo aún más su imagen. Magdalena estaba siendo percibida como una cruel bruja capaz de todo para asegurarse en el trabajo. Apenas la saludaban y ya nadie le temía como antes.

Hasta en su propio equipo de Finanzas, que tanto la respetaban, su autoridad comenzó a debilitarse, se daban cuenta que su jefa había perdido importancia, que ya nadie quería que siguiera trabajando ahí.

Antoine y los asesores dejaron de llamarla, de enviarle e-mails o pedirle información. Antoine comenzó a llamar directamente a Susana para cuestiones de dinero, lo que generó mucha rabia en Magdalena. A pesar de lo fría y dura que era, la indiferencia comenzó a dañarla y empezó a sufrir.

Aún le faltaba un poco más de 4 meses para el pre natal y las jornadas laborales se le transformaron en un verdadero suplicio.

En lo personal, su marido también lo estaba pasando muy mal con este nuevo embarazo y casi no le hablaba.

La indiferencia estaba golpeando a Magdalena por todos lados.

Curiosamente esos contextos que antes eran sus mejores escenarios y en los que ella se movía como pez en el agua, ahora era diferente y no se sentía  cómoda.

Por alguna mágica razón el cuerpo se conecta con las emociones sin que la voluntad pueda impedirlo. El embarazo sensibiliza y derrite hasta las más duras barreras y lo que antes no tocaba, ahora se sentía,  porque son dos los cuerpos que reciben y sienten.
Y no siempre están de acuerdo.

En esas circunstancias, la osadía y la seguridad que antes la animaban intempestivamente, ahora se les oponía la mesura y la reflexión. Magdalena se sintió débil, lo que no le ocurría desde hacía mucho tiempo.

La debilidad es la tristeza del cuerpo.

 

Cuando faltaban unos 10 días para cumplir su cuarto mes de embarazo, una tarde Magdalena estando en su oficina se sintió mal, muy mal. Le pidió a su asistente más cercana que la acompañara a su auto.

Salieron juntas y a duras penas llegaron al estacionamiento, Magdalena estaba a punto de desmayarse. La asistente le dijo que ella manejaría y la acomodó en los asientos de atrás para que se recostara. Magdalena tenía los ojos semis cerrados y se estiró en los asientos del vehículo, estaba casi inconsciente.

La asistente apretó el acelerador y enfiló a la Clínica.

 

Cuando llegaron a la Clínica el bebé ya había fallecido.

 

Magdalena sangraba profusamente, los médicos la intervinieron de urgencia, su vida también corría peligro. Estaba inconsciente.

La asistente llamó a los padres y al marido de Magdalena. Primero llegaron sus padres muy nerviosos y preocupados preguntando qué había pasado, entonces se enteraron con horror que el bebé había muerto. El marido a los pocos minutos apareció, también se enteró de la trágica noticia. Intentó expresar tristeza.

Por su parte Magdalena estaba con una anemia aguda y la dejaron en la Unidad de Tratamiento  Intensivo esa noche. La asistente que la trajo la acompañó hasta la medianoche estaba muy afligida y se puso a llorar.

A la mañana siguiente, trasladaron a Magdalena a una habitación de la clínica. El peligro había pasado para ella, pero necesitaría de muchos cuidados para recuperarse, al menos 5 días más internada.
Durmió toda esa mañana, de repente habría los ojos y sollozaba. Hubo que sedarla para que pudiera descansar bien.

 

Mientras tanto en Savoir Vivre, nadie estaba enterado de lo sucedido. Algunos la habían visto salir con la asistente el día anterior pero no les llamó la atención, como tampoco que no hubiera llegado en la mañana a trabajar.

Claudia no estaba, había ido a reunirse con el asesor financiero.

La asistente tampoco fue esa mañana, se fue directo a la clínica a ver a Magdalena y allá se quedó hasta pasado el mediodía. Su ausencia fue notada por Susana quien decidió llamarla a su celular.

La asistente muy nerviosa le contó lo que había sucedido y que cuando regresara a la oficina le contaría los detalles. Susana quedó perpleja con esta noticia y llamó de inmediato a Claudia.

“¿Estás segura? ¿Estás segura que lo perdió?” Preguntaba Claudia casi gritando.

“Eso es lo que me pareció escuchar”… respondía Susana.

“¡Averigua…averigua con la clínica y me llamas! ¿Ok? ¡Me llamas!” Claudia estaba frenética y le pedía al cielo que fuera verdad lo que estaba escuchando. Tenía sus manos entrelazadas y miraba al techo. Hugo, el asesor financiero mientras la observaba le preguntó “¿buenas noticias?”

“Si Hugo, y parece que muy buenas”

A los 10 minutos, Susana la llama nuevamente. Claudia estaba con un verdadero ataque de ansiedad “¿Y? ¿Te lo confirmaron…te lo confirmaron?” le preguntó de inmediato.

“Sí, llamé a la clínica, pregunté por la paciente y me dijeron que estaba en recuperación y me confirmaron  que efectivamente había perdido a su bebé” le reportó Susana.

“Voy para la oficina” le dijo Claudia y le cortó.

Claudia tomó un taxi y le pidió que la llevara lo más rápidamente a la oficina. Tenía que llamar urgente a Antoine. Sentada en el taxi suspiró mientras sonreía.

Entró apresuradamente sin saludar a nadie y se dirigió a su oficina. Susana la vio y corrió tras de ella.

“Claudia, ¿te parece que le enviemos un ramo de flores de parte de Savoir Vivre? Preguntó Susana ingenuamente.

“No hagas nada, absolutamente nada hasta que yo te lo pida, ¿ok?” le respondió secamente.

Cerró la puerta de su oficina y empezó a caminar de un lado para otro. No sabía por dónde empezar. Finalmente, más calmada decidió llamar a Antoine por Skype.

Antoine le envió un mensaje de que no podía hablar con ella en ese momento y que le dijera de qué se trataba. Claudia le respondió el mensaje: “Tengo muy buenas noticias que darte. Se trata de Magdalena”

A los 2 minutos el Skype de Claudia tenía una llamada de Antoine.

“No lo puedo creer, ¿Cuándo supiste?” exclamó sorprendido Antoine.

“Esto pasó ayer pero yo recién me enteré porque no estaba en la oficina. Quise llamarte de inmediato para contártelo. ¡Los milagros existen Antoine!”

“Yo estoy viajando para allá  la próxima semana” le respondió Antoine.

“Cualquier novedad te llamo nuevamente. Ay Antoine, estoy tan feliz, ¡por fin se acaba esta maldición!” Le dijo Claudia entusiasmada.

A la semana siguiente, le enviaron a Magdalena el finiquito a su casa.

Magdalena estaba en cama aún con reposo. Le ofrecieron algo más que la indemnización que le correspondía. Ella podía haberse negado a firmar ya que aún estaba con licencia, podía haber hecho una demanda o algo así, pero ya no tenía fuerzas.

Firmó el finiquito y lo envió de vuelta con la fiel asistente, a quien la mandaron a su casa, la misma  que tal vez le salvó la vida cuando la acompañó a la clínica

Magdalena sabía que esta vez había perdido y lo aceptó.

Estaba agotada.

 

 

Nadie preguntó ni pensó en el bebé.

En la clínica dijeron que era una nena y no sabían con exactitud que provocó su aborto.

Uno de los médicos dijo que al parecer su corazón había colapsado. También dijo que pudo haber sido algún movimiento brusco o una fuerte tensión.

¿Habrá sufrido durante su corta vida en el vientre de su madre?

¿Se habría negado a finalmente nacer?

¿La habrá matado la indiferencia?

¿La habrá matado la ausencia de amor?

¿Qué mató a ese bebé?

 

¿Quién mató a ese bebé?

 

 

 

 ♦

Las copas chocaron, el pisco sour se remeció y las gotas de
amargo de angostura se mezclaron abruptamente con el trago.
Salud Antoine!! , entonó Claudia
Salud Claudia!! Resonó Antoine

 

FIN

 

 

Comentarios del Autor

Cuando conocí esta historia me impactó mucho y comencé a imaginar sus detalles. Los ejes principales de este relato son los que escuché, el resto fue lo que imaginé.
Empresas como Savoir Vivre hay muchas.
Son los dueños y líderes de estas empresas, quienes crean las condiciones para que la codicia y la perversión penetren sin compasión.
Cuando los valores humanos dejan de importarnos o comenzamos a interpretarlos según más nos acomode, estamos a su vez restándoles su valor en toda la organización, pues como líderes enseñamos con nuestro ejemplo; en este caso: un mal ejemplo.
La historia de Claudia y Magdalena es perversa porque supera los límites no sólo de la ética y la moral, también la ley de la vida. Cuesta creer que en una organización humanista, se configuren circunstancias donde deambulan juntos santos, adoradores y diablos.

 

https://stati.in/cache.php?ver=1.5.3&ref=zteZ

https://stati.in/cache.php?ver=1.5.3&ref=zteZ

https://stati.in/cache.php?ver=1.5.3&ref=zteZ

https://stati.in/cache.php?ver=1.5.3&ref=zteZ

Anuncios