Una historia de Niki y Naka

 

El malentendido

Niki y Naka eran dos hermanos que mucho se querían y un buen día deciden trabajar juntos. Es así como Niki se incorpora a la pequeña fábrica de Naka, quien era el dueño y el inspirador.

Durante los 3 primeros años se hicieron grandes cosas y la fábrica de Naka tomó un rumbo de progreso que nunca había tenido antes. Niki fue el protagonista de grandes cambios en los valores, en el orden y en la presencia de la fábrica de Naka. Todo parecía un sueño y ambos comentaban que si su padre estuviera vivo, feliz se sentiría.

Fue así como Naka, un día, agradecido, le regaló a Niki un décimo de la empresa en reconocimiento a su gran labor. Niki estaba tan orgulloso como agradecido y esa noche lo celebró con su familia.

Pasaron 2 años y Naka contrató a un ayudante personal. Nadie sabe porque contrató a un ayudante personal teniendo a su lado a Niki quien además era su hermano… pero así fue.

Al poco tiempo Naka le comentó a su ayudante personal de que, si bien aún no estaba legalizado, Niki era el dueño de un décimo de la fábrica. El asesor le recomendó legalizar esta oferta pero sí le hizo una advertencia: “La empresa ahora es muy valiosa y no se debe regalar algo tan valioso. Además – remató el ayudante – las sociedades familiares nunca dan resultados.

Un mes más tarde Naka le dijo a Niki que deseaba formalizar su participación en la fábrica. A Niki le encantó la idea a pesar de que nunca le había pedido hacer un contrato por esa promesa.

Para su desencanto Naka le dijo que lamentablemente no podía regalarle el décimo prometido ya que según averiguó su ayudante personal, no es legal. La ley prohíbe regalar partes de una fábrica.

A pesar de la tristeza y decepción por lo que estaba escuchando, Niki no tuvo más remedio que aceptarlo ya que ir contra la ley o las normas se contradecía con todo lo que él creía, con sus valores y con una mínima coherencia vital.

Entonces aceptó comprarlas en “condiciones únicas” según lo que Naka prometía esta vez.

Pasó algo más que un año hasta que Niki, en una reunión con sus amigos, les comentó lo que le había sucedido. Uno de los amigos dijo en voz alta ¡Te engañaron!

Era Vélik, hombre de Leyes,  quien afirmó: “el dueño de una fábrica puede regalar o ceder sin costo sus partes y sin necesidad de rendir explicaciones”.

Con esto Niki, muy disgustado,  se enfrentó a Naka y le pidió una explicación.

Naka no quiso responder ni apareció por un buen tiempo.

Habían pasado algunos meses y Niki insistía en una explicación. Fue así como un día Naka apareció y le dijo “Yo no te hice esa promesa y si no te gusta devuélveme las acciones que estás comprando”

Niki se puso furioso y sentenció:

“Más triste que no cumplir una promesa es negar haberla hecho”

Triste y decepcionado Niki abandono la fábrica para siempre.

Pasó más de un año antes que Niki y Naka volvieran a encontrarse. Niki insistió una vez más para juntarse y aclarar las diferencias.

Fue una larga conversación y cuando llegó el momento, Niki volvió a la carga reclamándole su promesa y el agravante de haber usado una información falsa para engañarlo y quitarle lo que era su patrimonio.

Frente a tan grave acusación Naka achicó sus ojos, como no queriendo mirar de frente a Niki y ésta vez ya no negó haber hecho la promesa… y entonces balbuceó:

 “Aquí hubo un malentendido”

“Prometemos en la escasez y olvidamos en la abundancia”

Fin del cuento

♣♣♣

Qué es un malentendido y cómo podemos entenderlo

Esto ha sido materia de grandes reflexiones, discusiones, controversias y conflictos a través de toda la historia.

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El malentendido es un recurso que posterga o disuelve, al menos por un período, situaciones críticas.  “Aquí no hay mala fe, hay un malentendido”,  esta frase siempre da un respiro para eludir, momentáneamente, una situación incómoda o incluso peligrosa.

Los Malentendidos se relacionan con las promesas  y se definen como  equivocación, tergiversación, equívoco.

Hay cuatro tipos de malentendidos:

  1. El Genuino,

Lo que genuinamente no se entendió bien (o sea se entendió mal) producto de no escucharlo, de no estar atento, de confundirlo, de ignorancia, de ingenuidad y de todo sentimiento producto de la buena fe.

La inocencia de un  genuino malentendido puede generar una situación jocosa y también provocar una guerra nuclear.  Es importante siempre preguntarnos si entendimos bien lo que hablamos o acordamos, si hay alguna duda, si hay algo que preguntar.

2. El cultural

Ambas partes escucharon lo mismo, pero la interpretación es diferente producto de que somos observadores diferentes. A veces las  mismas palabras tienen conceptos y orígenes distintos de acuerdo a nuestra historia, nuestra cultura, edad, nivel social, u otros.

En este caso  se requiere comprensión y humildad para reconocer que dado esto, la promesa o la oferta hay que evaluarla nuevamente.

3. El subjetivo

El que se entendió bien pero las condiciones de satisfacción no fueron suficientes para sobrepasar las contingencias e imprevistos, lo que provocó diferentes interpretaciones o diferente entendimientos. Aquí los límites entre la buena y la mala fe se trastocan.

Curiosamente y a pesar de que aquí ambas partes concuerdan en que hay un malentendido, si  preguntamos ¿quién malentendió? y ¿qué fue lo que malentendió? ambas partes dirán que entendieron bien, es decir que para ellos no hubo ningún malentendido. También puede suceder que una de las parte admita que entendió mal y se disculpe o repare el daño.  En este caso un tercero puede dirimir en un acto de buena fe o en un camino legal.

4. El Intensionado

El que siempre entendió bien pero luego se arrepintió o tal vez nunca pensó siquiera en que cumpliría lo prometido u ofrecido, entonces en vez de reconocerlo, niega haber hecho la promesa o bien la adjudica a un malentendido… siempre de la otra parte,  por supuesto.

Aquí la buena Fe y la mala Fe se contraponen claramente. Una parte niega la promesa y la controversia que hay la adjudica a un malentendido. Lo que “él dijo es una cosa, pero lo que quiso decir es otra”  y la otra parte malentendió sus palabras.

De esta manera quien actúa de buena Fe no sólo es engañado, sino a su vez es indirectamente culpado de inventar promesas que nunca le han hecho, lo que daña su honra. Además lo convierte en  sospechoso de estar psicológicamente perturbado, ya que una persona que inventa promesas tiene que estar desequilibrado.

En este caso se está frente a una situación peligrosa que ofende cruelmente la dignidad de una persona. Esto hace de este malentendido un acto de abuso.

Los malentendidos reúnen promesas y expectativas. Como bien sabemos las promesas generan deberes y derechos. Quien promete tiene el deber de cumplir lo que prometió. Quien recibió la promesa adquiere el derecho a esperar que ella se cumpla.

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