El Almirante Richard Byrd voló 1.600 millas hacia el ¡interior de la Tierra!… y volvió para contarlo.

La tierra es hueca y el Almirante Richard Byrd lo pudo comprobar.

Expedition member Byrd in Arctic aviation gear with his sun compass.

Venerado como un héroe en su país el Almirante Richard Byrd de la Marina de los Estados Unidos, fue protagonista de un hecho extraordinario durante su última expedición a la Antártida el 19 de Enero de 1946. Sin embargo los altos mandos le prohibieron expresamente que jamás mencionara lo sucedido.

Poco antes de morir su conciencia le impidió llevar a la tumba una verdad que según él, toda la humanidad debía conocer y se las arregló para filtrar el diario de ése viaje.

Se trata de un relato extenso y detallado donde cuenta que mientras se dirigían al centro del polo, su avión entró en una especie de turbulencia y los instrumentos comenzaron a oscilar sin control. La temperatura exterior llegaba a 24º de calor y en el horizonte comenzaron a observar verdes valles, montañas y ríos en un lugar en que debía haber hielos y nieve.

Mientras avanzaban notaron que el sol no se veía, pero todo estaba iluminado por una luz pareja y diferente. Señala haber observado con sus anteojos de larga vista un grupo de animales similares a los extinguidos Mamuts.

Lo que escribe a continuación es un relato que roza la imaginación y que si no fuera porque es un prestigiado militar el que lo dice, nadie lo creería.  

Cuenta que habiendo recorrido una distancia de casi 2.300 Kms. se vieron repentinamente escoltados por extrañas naves que  mediante una fuerza desconocida controlaron el avión.    

Mientras los desplazaban pudieron ver a lo lejos una inmensa ciudad cuyas edificaciones reflejaban un arco iris de resplandor, como si estuvieran hechas de cristal.

Al descender fueron recibidos cordialmente por seres rubios y altos, similares a los humanos, El Almirante destaca que vio en ellos insignias con un símbolo que curiosamente no quiso revelar en su diario.

Fueron conducidos en un extraño vehículo flotante a reunirse con quien era el gobernante de esa civilización: un anciano de barba y gesto amable quien les explicó que lo habían llevado allí por que era un hombre  íntegro y de buena voluntad que  podría llevar un mensaje a los gobernantes de la Tierra.

Aquí, desde el diario y bitácora secreta del Admirante Byrd, está el mensaje que debió haberse escuchado hace 56 años!

“Le doy la bienvenida a nuestros dominios, Almirante.” Veo un hombre con rasgos delicados y el rastro de los años sobre su rostro. Está sentado en una mesa larga. Me señala para que me siente en una de las sillas. Después de sentarme, coloca las puntas de sus dedos juntas y sonríe. Habla suavemente una vez mas y transmite lo siguiente: “Le hemos permitido entrar aquí porque usted es de carácter noble y bien conocido en el Mundo de la Superficie, Admirante.” “¡Mundo de la Superficie!” Casi murmuro sin aliento. “Si,” el Maestro responde con una sonrisa, “usted está en los dominios de los Arianni, el Mundo Interno de la Tierra. No demoraremos mucho su misión, y será escoltado a salvo a la superficie y una distancia más allá. Pero ahora, Almirante, le diré porque ha sido llamado aquí. Nuestro interés comienza justo después de que su raza detonó la primer bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, en Japón. Fue en ese momento alarmante que enviamos nuestras máquinas voladoras, las Flugelrads, a su mundo de superficie para investigar lo que había hecho su raza. Eso es, por supuesto, historia pasada ahora, mi querido Admirante, pero debo continuar. Verá, jamás hemos interferido antes en sus guerras y barbarie entre razas, pero ahora debemos, pues han aprendido a intrometerse con un cierto poder que no es para el hombre, para decirlo por su nombre: con la energía atómica. Nuestros emisarios ya han entregado mensajes a los poderes de su mundo, y sin embargo, ellos no hacen caso. Ahora usted ha sido elegido para testificar aquí que nuestro mundo sí existe. Verá, nuestra cultura y ciencia está muchos miles de años adelantada a la de su raza, Admirante.” Yo interrumpí, “¿pero qué tiene esto que ver conmigo, Señor?

Los ojos del maestro parecían penetrar profundamente en mi mente, y después de estudiarme unos pocos momentos respondió. “Su raza ahora ha alcanzado un punto sin retorno, porque hay aquellos entre ustedes quienes destruirían su propio mundo en vez de renunciar a su poder tal como lo conocen…”

Yo asentí, y el Maestro continuó:

“En 1945 y después, tratamos de contactar a su raza, pero nuestros esfuerzos se enfrentaron con hostilidad. Dispararon sobre nuestros Flugelrads, sí, sus aviones de combate hasta los persiguieron con malicia y animosidad. Entonces, ahora le digo, hijo mío, hay una gran tormenta preparándose en su mundo, una furia negra que no se gastará por muchos años. No habrá respuesta de sus ejércitos, no habrá seguridad en su ciencia. Podrá continuar hasta pisotear cada flor en su cultura y que todas las cosas humanas se nivelen en un vasto caos.”

“Su Guerra reciente fue sólo un preludio de lo que está por venir en su raza. Nosotros aquí lo vemos más claramente con cada hora… ¿usted dice que me equivoco?

“No”, yo respondí, “ocurrió antes, cuando vino el Oscurantismo y duró por más de quinientos años.” “Si, hijo mío,” respondió el Maestro, “El Oscurantismo que vendrá ahora para su raza cubrirá la Tierra como una mortaja, pero yo creo que algunos de su raza vivirán a través de la tormenta. Mas allá de eso, no puedo decir. Vemos a una gran distancia un nuevo mundo removiéndose entre las ruinas de su raza, buscando sus perdidos y legendarios tesoros, y estarán allí, hijo mío, a salvos guardados por nosotros. Cuando ese tiempo llegue, volveremos otra vez para revivir su cultura y su raza.

Tal vez, para ese entonces, habrán aprendido la futilidad de la guerra y su contienda… y después de ese momento, cierta parte de su cultura y ciencia regresará para que su raza comience de nuevo. Usted, hijo mío, ha de regresar a la superficie con este mensaje…”

Con esas palabras de cierre, nuestra reunión parecía estar en su fin. Yo me quedé parado como en un sueño… pero, sin embargo, yo sabía que esto era la realidad, y por alguna extraña razón, me incliné apenas, ya sea por respeto o humildad, no sé cuál.

De repente, me di cuenta que los dos hermosos anfitriones que me habían traído aquí estaban otra vez a mi lado. “Por aquí, Almirante,” me hizo señas. Yo giré una vez más antes de salir y miré hacia atrás al Maestro. Una sonrisa gentil se dibujaba en su delicado y anciano rostro. “Adiós, hijo mío,” dijo, y luego con una hermosa y delgada mano, hizo un movimiento de paz y nuestra reunión realmente terminó.

Rápidamente, caminamos de regreso a través de la gran puerta de la cámara del Maestro y una vez más entramos en el ascensor. La puerta se deslizó silenciosamente hacia abajo y una vez más estábamos yendo hacia arriba. Uno de mis anfitriones habló nuevamente, “Debemos ahora apurarnos, Almirante, ya que el Maestro no desea demorarlo más en su itinerario y debe regresar con este mensaje para su raza.”

Extracto de: A Flight to the Land Beyond the North Pole; The Missing Diary of Admiral Richard E. Byrd. 

El relato del almirante siendo extenso, no es muy generoso en describir detalles precisos sobre los seres, las naves y la ciudad donde estuvieron. Esto siembra, como siempre, un manto de dudas a los más escépticos, sin embargo hay quienes afirman saber la historia completa de ésta misteriosa expedición.

 Richard Byrd murió en 1956 y poco antes de morir escribió en su diario :

” He mantenido en secreto este tema, tal como se me ordenó durante todos estos años. He hecho todo esto en contra de mis principios de integridad moral. Ahora siento que se acerca la gran noche, y este secreto no morirá conmigo, sino que, como cualquier otra verdad, triunfará.

UNITED STATES – JUNE 19: Rear Admiral Richard Byrd, Antarctic explorer, rides up Broadway towards City Hall reception in ticker-tape parade. (Photo by NY Daily News Archive via Getty Images)

LA TIERRA HUECA

Acerca de Jorge Olalla Mayor

Publicista, Director Creativo, Coach Ontológico
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