Ley del Hielo, la indiferencia pactada.

 

La indiferencia tiene muchas formas, una de ellas es la indiferencia pactada, es decir acordada con otro o con otros para ejercerla en una persona no grata para ellos, a la cual le declaran esta horrible ley del silencio que se asocia a la crueldad, al abuso y a la corrupción de los valores humanos.

La Ley del Hielo es un pacto objetivo (o subjetivo) entre 2 o más individuos pertenecientes a un mismo contexto organizado, para deshonrar, menospreciar y aniquilar emocionalmente a otra persona cortando toda comunicación con éste. Esto significa no validarlo, negar su existencia.

La Ley del Hielo es un crimen a la imagen y a la memoria de un ser humano.

De esta Ley tengo referencias desde que era niño e imagino que muchos años antes – a lo mejor por los tiempos de los tiempos – ha existido como práctica psicológica de tortura. Cuando yo recién cumplía 11 años entré a un colegio internado de gran prestigio… en aquellos años.
En esa época la Ley del Hielo muchas veces se declaraba abiertamente, sin tapujos. Lo bueno era que casi siempre caducaba y quienes la declaraban también se encargaban de  anunciar su término.

Sus efectos eso sí, eran devastadores en las víctimas. La soledad, el miedo, el auto estima, la desazón y  las emociones más negativas comenzaban a gobernar la vida y el espíritu de quienes eran sometidos sin compasión a esta Ley. El entusiasmo, las expectativas, los planes y los sueños quedaban inmovilizados por la tristeza y la rabia.

Viviendo eso se sufre y mucho.

Durante la Ley del Hielo, no te miran a los ojos.
Tú no existes.

Si estás en una reunión tus intervenciones serán ignoradas por quienes te hayan aplicado la Ley del Hielo y si no es posible ignorar alguna pregunta o intervención tuya, responderán dirigiéndose a otra u otras personas que participan de la reunión como si la pregunta fuera de otros.

Si se cruzan contigo intentarán evitarte y si eso no es posible, amagarán con un frío gesto de saludo o un diálogo hipócrita a todas luces. Si los enfrentas lo negarán tajantemente y te acusarán de estar algo desequilibrado, imaginando cosas e inventando conflictos donde no los hay. Y todos estarán de acuerdo en eso y comenzarás tú mismo a dudar de tu estabilidad y equilibrio emocional.

Quienes sufren los abusos de esta Ley, viven gran parte de ese tiempo sin saber que esa indiferencia es algo concertado. Esa es la etapa más terrible, porque no hay una explicación, todo sucede sin palabras. Durante esa tortura las víctimas lo callan, no saben cómo contarlo y cuando intentan hacerlo, por lo general los consejos u opiniones de los amigos y familia no asumen el verdadero drama que está viviendo esa persona. Nadie puede imaginar que esté sometido a un abuso concertado por abusadores que ostentan alguna autoridad o poder sobre él.

No es común imaginar tanta crueldad en otros seres humanos, por eso intentamos minimizarlo y verlo como algo pasajero, como un mal entendido, sólo eso.

 

En un contexto escolar la Ley del Hielo es una de las formas en que se manifiesta el Bullyng. En un contexto laboral, es una de las formas de Mobbing.
La particularidad es que en la Ley del Hielo se corta completamente la comunicación, no hay burlas, agresiones ni insultos, es la negación de la otra persona como si ella fuera transparente o invisible.

Sus efectos son lapidarios y en la medida que pasa el tiempo las víctimas se pueden enfermar biológica y psíquicamente. La energía baja a una mínima expresión. Hay casos en que esto provoca una profunda depresión que puede llevar a una tragedia.

 

 

La gélida historia de Mario

Mario era sub Gerente de finanzas de una empresa consultora.

Por encargo de su Gerente de Finanzas, tuvo la responsabilidad de elaborar previamente el informe anual de Finanzas, que su Gerente presentaría al Directorio. El sub Gerente de finanzas era un profesional joven y aplicado que recién estaba cumpliendo su primer año en la empresa.

Cuando el Gerente de Finanzas recibió el informe de Mario, lo revisó por encima, sin mucha precisión y, sin un mayor análisis, lo llevó al Directorio. Todos los años los informes financieros eran aprobados en forma unánime y sin cuestionamiento. Sin embargo esta vez, el joven Mario reunió una serie de gastos en un ítem “gastos varios”. La cifra no era menor (casi 80 mil dólares).

Cuando la presentación estaba en su término, uno de los Directores le preguntó al Gerente de Finanzas a qué se referían esos gastos varios. El Gerente fue sorprendido y sin tener dato alguno para justificar ese ítem dijo que lo averiguaría con el sub Gerente, que es nuevo en la Compañía y seguramente se traspapeló con los datos que él le había entregado. El Directorio lo miró extrañado de que ignorara datos que venían en un informe de responsabilidad de él.

Luego de la reunión llamó al Subgerente y lo increpó duramente por no advertirle de esos datos, incluso insinuó que era casi una deslealtad. El joven le dijo que sí le había informado de esos gastos a través de un mail el cual el mismo respondió OK. Además en el mismo documento había referencia a esos gastos que no contaban con respaldo. El OK lo entendí como que eso no importaba y estaba aprobado, argumentó. Por último usted lo revisó acuciosamente según me dijo personalmente ayer cuando almorzamos juntos.

El problema es que esos gastos varios eran gasto de reembolso de los 5 Gerentes de la empresa quienes tuvieron que dar lastimosas explicaciones al Directorio para que, finalmente, los reprimieran sólo por negligencia y no por malversación.

Los 5 Gerentes se reunieron.

Querían matar al estúpido que había colocado esos gastos en el informe. La decisión era echarlo de inmediato pero… no hubiera lucido muy bien algo así después de ese informe. Entonces mientras pasara la tormenta le aplicarían la Ley del Hielo y así lo decidieron.

 

Luego de 2 semanas posteriores muy incómodas para Mario, comenzó a darse cuenta que sólo recibía  e-mails que estaban dirigidos a un grupo de personas en el que él estaba incluido. Ningún e-mail personal de los Gerentes u otros sub gerentes le llegaba. Los Gerente no lo saludaba y lo evitaban en forma casi evidente. Luego se fueron sumando otros a este silencio ya que los Gerentes se encargaron de ir transformando su imagen en la de un hombre muerto caminando… por la empresa.

Prácticamente no tenía qué hacer y cuando decidió después de algunas eternas semanas hablar con su jefe, este lo recibió mostrándose apurado. Nunca lo miró a los ojos y siempre estuvo operando su celular:

“La pega ha bajado mucho y ahora necesito ocuparme yo mismo de todos los detalles financiero… para no tener malos entendidos (esto último lo dijo con voz más sonora). En todo caso quédese tranquilo y cualquier novedad le avisaremos (lo dijo en plural como si hablara  en nombre de la empresa)”

Mario se estremeció ante tal frialdad; fue como recibir un balde de agua fría (o lleno de hielos) en su cabeza. Se fue lentamente a refugiar a su oficina mientras pensaba en sus padres tan orgullosos de su trabajo y su aplicación. Tenía ganas de llorar.
Ese fin de mes no le llegó el sueldo, extrañado le preguntó a la encargada de los pagos por qué no le habían depositado. La muchacha encargada revisó y revisó y le dijo  “No apareces en la lista, debes preguntarle al Gerente ya que él es quien me la envía mensualmente”

Esa tarde lo llamó pero éste no lo atendió ”Esta en reunión” respondía la secretaria una y otra vez.

Esa noche no pudo dormir imaginando lo peor, que estaba despedido y lo habían borrado de la lista. Muy temprano llegó a la empresa a hacerle guardia al Gerente.

A media mañana apareció el Gerente quien al entrar a su oficina ve a Mario esperándolo. Se acerca a su secretaria y algo le dice en voz baja. Acto seguido abre la puerta, entra su oficina y la cierra. No lo saludó.

“Que lo espere un poco” le dice la secretaria a Mario.

20 minutos más tarde el Gerente se comunica por el interno con la Secretaria y le da una instrucción. La secretaria cuelga y dirigiéndose a Mario le dice: “Me pide que le pregunte qué es lo que necesita”

Mario le explica lo que sucede y la secretaria se comunica nuevamente con el Gerente. Luego de colgar se dirige a Mario: “Dice que lo va a revisar y que llame en la tarde”

Esa tarde ninguna de sus llamadas fue respondiday Mario otra vez se fue a su casa. Durante el viaje estaba sollozando a punto de quebrarse. Sus padres ya estaban nerviosos y preocupados y cuando le preguntaban que sucedía él siempre respondía “No es nada”.

Al otro día nuevamente llamó. Esta vez la secretaria respondió, le pidió que esperara en línea y luego de un par de minutos le dijo. “Dice que ha estado tan ocupado y lleno de cosas que se le pasó incluirlo en la lista de pagos y que mañana le depositarán”

Durante el mes que vino no habló con nadie y tampoco nadie se le acercó. Había cundido el rumor de que Mario era “un tipo ambicioso y trepador, que había intentado perjudicar a su jefe aprovechándose de la confianza de éste para traicionarlo… “

Todo esto era subyacente, silencioso, misterioso y tenebroso. Ya nadie le hablaba.

Mario sentía pánico de que lo echaran, había luchado mucho para obtener ese puesto, había diseñado planes, tenía sueños, se sentía importante y admirado en su entorno familiar y social ¿Qué iba a decirle a todos ellos? ¿Qué estaba sucediendo?

Estos pensamientos lo tenían completamente atrapado, no podía pensar en otra cosa que no fuera sobre este sufrimiento. Desde que despertaba, cuando lograba dormir y hasta la noche, en su cabeza sólo giraban malas energías.

Una tarde, decidió regresar a su casa caminando, a pesar de la gran distancia que debía recorrer. La verdad es que Mario no tenía ganas de llegar a ninguna parte, sólo quería pensar y pensar en lo que le estaba sucediendo.

Llevaba un par de horas caminando y sumido en esas reflexiones la calle se le hizo transparente como también el semáforo de esa gran avenida. Al dar el tercer paso después de la acera, un bus de pasajeros, veloz y muy pegado a la línea, lo elevó por los aires hasta caer pesadamente azotando su cabeza en la cuneta.

Al parecer su muerte fue casi instantánea.

Al otro día nadie preguntó por él, todos supusieron que por fin había entendido que nadie lo quería en la empresa y debía, de una vez por todas irse. Hubo muchos comentarios y elucubraciones. El Gerente le pidió a la secretaria que estuviera atenta porque si no justificaba su ausencia legalmente lo podía echar.

Pero esa tarde, salió en el diario una breve noticia sobre un accidente en que un transeúnte distraído no había respetado la señal de no cruzar, falleciendo trágicamente. La noticia también daba cuenta de que se había identificado el cadáver.

En la empresa todos se enteraron de la noticia. Nadie opinó, nadie dijo nada, todo quedo en silencio por un largo momento, en el más absoluto silencio. Un aire frío y penetrante recorrió los pensamientos y las conciencias de los empleados y Gerentes.

Se decidió enviar una corona a la familia.

Nadie fue al funeral y no por esa Ley, sino por la vergüenza de haber sido autores y cómplices de un hecho tan cruel y macabro.

 

 

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