COACHING Y VIOLENCIA

“Existen dos causas que producen todas las confusiones:
no decir lo que pensamos y no hacer lo que decimos”

La violencia se apoderó del país y eso pareciera no importar incluso a quienes predican el amor, la paz y las buenas relaciones. La palabra de Jesús quedó olvidada y la propia Iglesia se restó de opinar como si se hubiera ido a un retiro de silencio. Su nulo protagonismo sólo se explica por el enorme y pesado tejado de vidrio que carga.
Las iglesias son quemadas y nada se escucha Padre.

 

La Paz se está quedando sin guardianes

La violencia rima con el caos y la muerte. Es la sinrazón, la extensión de la ira, el brazo armado de la locura. Mientras la violencia avanza y se agiganta sólo una violencia aún mayor podría vencerla, es decir pasaríamos de una violencia a otra peor, la que mantendría una paz a la medida de los vencedores: sin libertad y sin dignidad. Cualquier régimen que se instala por la extrema violencia va a someter así al país por años o décadas.

Y esto tampoco pareciera importar. Lo único que interesa es destruir al que juzgamos adversario y para ello no importa dañar a quienes no son adversarios y conforman la inmensa mayoría del país.

La Paz no aparece como posibilidad.

¿Y qué pasó con el Coaching Ontológico?

Pareciera que se esfumó junto con el inicio del estallido de Octubre. Ninguna escuela o consultora tomó protagonismo en los momentos en que las conversaciones entre los chilenos se pulverizaron y nos dejamos de escuchar. Hubo apenas unos tibios comunicados que más parecían de algún monasterio ubicado en las montañas invitándonos a reflexionar y mirar nuestro interior.

El Poder de las Conversaciones fue reducido y pulverizado por los violentos, por quienes simbólicamente tapaban sus bocas con capuchas. El diálogo se transformó en gritos, groserías, vandalismo y saqueos. Los coaches poco y nada hicimos.

La mayoría optó por el silencio, ignorando el fenómeno y sumergiéndose en las explicaciones. Muy pocos salieron a defender la paz sin peros ni condiciones.

A medida que pasaban las semanas, los coaches más activos en las redes, publicaban opiniones y noticias que aparecían en los medios, las que sutilmente  (y a veces no tanto)  justificaban la violencia. El doble discurso y lo políticamente correcto los sumió en la comodidad y la incoherencia.

Por otra parte las escuelas y consultoras comenzaron a ofrecer nuevos programas y talleres, todos incluyendo “Nuevas conversaciones para los tiempos de crisis”, al final el coaching es un negocio y hay que estar atento a las oportunidades, sobre todo aquellas que surgen en los ríos revueltos.

¿Coaching de primera línea?

Luego de ya más de tres meses de violencia, el lenguaje de algunos coaches  es más directo e irreverente, en algunos casos es incluso con capucha. Para no creerlo.

Laura es una conocida coach ontológica y muy activa en las redes, hace un tiempo cambió su foto de perfil por una en que aparece encapuchada, al mismo estilo y homenajeando a quienes tienen al país sometido a una escalada interminable de caos y terror.

Por su parte, Jaqueline, otra connotada coach ontológica, declara abiertamente en facebook sus deseos de integrarse a la primera línea.

Ambas, al parecer viven del coaching ontológico, así lo declara Laura: “llevo 18 años trabajando  sólo como coach ontológico”. Al menos es destacable la honestidad de ambas.

Hasta donde yo sé, ninguna distinción ontológica calza con la violencia o bien la justifica. Entonces cabe preguntarse qué enseñan como coaches, en qué empresas intervienen con sus talleres ontológicos.  Resulta casi una ironía que  se declaren expertos en, por ejemplo, “manejo de conflictos”, “clima organizacional”, “competencias relacionales”… paseándose por la confianza, el respeto y la ética.
Es una total incongruencia.

Hagamos memoria

El Coaching Ontológico nace en los años 80 como una respuesta filosófica a la terrible experiencia Chilena de los años 70, en que nos vimos enfrentados casi a una guerra civil, tal vez sí lo fue. El odio, el miedo y la violencia se habían tomado el espíritu de todo el país, fue horrible.

Esta nueva disciplina enseñaba conceptos y herramientas maravillosas para conversar, para resolver conflictos relacionales y emocionales. La ontología del lenguaje cautivó a toda una generación que no conseguía superar el trauma de una dictadura y de una experiencia política extremadamente dolorosa. Una generación que no tenía como enfrentarse a sus fantasmas, a sus frustraciones y al sentido mismo de la vida.

Quienes vivimos esa época sabemos que hoy la historia se está repitiendo y que puede ser aún peor. En esos años el conflicto nunca terminó en un acuerdo, el conflicto se detuvo por la fuerza y no por la razón.
Seguimos culpándonos unos a otros, todos nos declaramos inocentes y no entendemos que en realidad, todos somos responsables de lo que sucede y si no lo detenemos ahora dándonos una pausa en la paz, en acuerdos, en escucharnos.

No más violencia significa no participar en actos de violencia ni en conversaciones de violencia. No apoyarla, no hacer la vista gorda a lo que nos está sucediendo.

No más violencia significa promover la paz y hacerlo con toda la fuerza aunque nos duela.

Si algo grande hemos aprendido los coaches es, que el lenguaje genera realidades; que el resentimiento es un veneno que nos va corroyendo el alma; que el perdón es una maravillosa herramienta de sanación; que las conversaciones son el camino para los acuerdos; que el fenómeno es uno solo y las explicaciones muchas; que las cosas son como cada uno las ve; que así como la tristeza nos puede quitar las ganas de vivir, con rabia nos puede dar ganas de matar; que las emociones las podemos controlar y también nos pueden descontrolar.

Aprendimos tantas buenas cosas.

Más allá de creencias y religiones todos los Coaches de Chile y también del mundo debemos orientar nuestras conversaciones en terminar con la violencia, que no es lo mismo que hablar de la paz.

A la violencia nunca la vamos a vencer, pero sí podemos enfrentarla obligándola a que se exprese y nos presente su plan. Hasta ahora nadie, ningún político ni gobernante le ha preguntado a quienes desde hace más de tres meses ejercen diariamente la violencia y están arrasando sistemáticamente con las ciudades de Chile: ¿Qué es lo que quieren?

Una simple pregunta: ¿Qué desean? ¿Por qué están destruyendo el país?

 

Si logramos eso, tal vez cambiemos el rumbo.

Acerca de Jorge Olalla Mayor

Publicista, Director Creativo, Coach Ontológico
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