La Codicia de Tomás

HISTORIAS ORGANIZACIONALES PERVERSAS
“No le importó involucrar a sus mejores amigos y a su propia esposa en un delito,
para asegurarse más dinero del que la vida ya le estaba ofreciendo honradamente”

Esta es una historia muy triste y que lamentablemente es real, o mejor dicho, muy cercana a la real. Es una enseñanza y un llamado de atención para cuidar lo que tenemos, lo que tanto esfuerzo y sacrificio ha costado construir para que un día se cuele una rata por las rendijas de la buena fe y comience sigilosamente su tarea destructiva sin que nos demos cuenta, sin que pongamos atención de lo que está sucediendo en el corazón de nuestra empresa, sin querer ver lo que es obvio, y cuando nos damos cuenta a veces el daño es muy grande y hasta irreversible.

ESta historia relata la codicia de Tomás, quien muy joven tuvo el privilegio de liderar una importante Escuela Internacional y en medio del camino la codicia lo atrapó en sus garras.

La historia la vamos a comenzar con Norma, la amiga de Tomás que soñaba con progresar.

 

Las Boletas de Certificación de Norma

 

Norma estaba cumpliendo un sueño. Se acababa de matricular en el prestigiado Programa de Formación Profesional que impartía La Escuela Internacional  Savoir Vivre. Su amigo Tomás, había sido nombrado Gerente General de Savoir Vivre y gracias al descuento que le hicieron, sólo pagaría un pequeño porcentaje del valor total.

Norma tenía unos 30 años, vivía con su pareja y ambos tenían trabajos esporádicos, nada permanente; por eso que tomar este curso era una oportunidad maravillosa para certificarse y optar por nuevos y mejores caminos profesionales, que le dieran estabilidad económica. Norma estaba alucinada, feliz.  Le agradeció con un emotivo e-mail a Tomás por su cariño y bondad. Sin su ayuda Norma no habría podido tomar el curso.

Pasaron unos 4 meses – el programa dura 10 meses – y Tomás un día la invitó a almorzar.

Norma estaba radiante, el programa había superado todas sus expectativas que, según ella decía, ya eran muy altas. No paraba de hablar acerca de lo que estaba viviendo en este viaje de nuevos aprendizajes.

Cuando los postres ya se encaminaban, Tomás le dijo, tomándole cariñosamente la mano:

“Amiga, te quiero pedir un gran favor”

“Encantada, dime” Le respondió

“Necesito que me hagas una boleta de honorarios a nombre de Savoir Vivre. Estamos necesitando rebajar la cantidad de impuestos… tú sabes” Le dijo Tomás.

Norma ni siquiera lo dudó. Cómo iba a negarse a un pedido así que le hacía su amigo y Gerente General de la Escuela donde estaba estudiando y que además casi le había regalado el curso.

“No sabes cuánto te lo agradezco” le dijo Tomás,  “y por favor que esto quede entre nosotros. Te enviaré los datos por e-mail. Ah y una cosa… del total de la boleta que te voy a pedir, a ti te van a devolver el 10%”  le agregó sonriendo.

“Oh, mira qué suerte” dijo ella feliz.

En ese instante, cuando se sella este compromiso, se configura una penosa circunstancia en que ambos se deshonran a sí mismos.

La alumna Norma recibe, por un lado, una formación humana, de valores y principios, y por otra parte es invitada a participar, por el Gerente General de la Escuela que la está formando, de un acto de corrupción. Es esta una falta gravísima a la ética, la ansiedad y la tentación no dejaron dimensionar sus consecuencias a los protagonistas.

A los pocos días le llega a Norma un e-mail con los datos para emitir la boleta de honorarios, pidiéndole que ponga como glosa “Relatoría”. El monto era cercano a los 3 mil dólares y Norma calculó que recibiría unos 300 dólares en la devolución de impuestos.

En los 6 meses venideros Norma emitió unas 10 boletas de honorarios por un total de  50 mil dólares. Recibiría entonces unos  5 mil dólares de devolución por las boletas, sin hacer ningún esfuerzo.

Tomás también le pidió boletas de honorarios a Rod, la pareja de Norma y también a Jimena, su esposa. El total de las boletas emitidas durante dos años fue de unos 150 mil dólares.

¿Y para qué eran esas boletas ideológicamente falsas?

En realidad estas boletas de honorarios eran ideológicamente falsas y también objetivamente fraudulentas. Tomás transfería esos honorarios a su cuenta corriente personal o  bien se los pagaba en efectivo. La escuela manejaba mucho efectivo en aquella época.

 

¿Quién dejó la puerta abierta?

Tomás asumió la Gerencia General y es difícil de entender cómo llegó ahí.  En realidad él fue contratado como consultor junior en la empresa por la Gerente de esa época, quien se encariñó perdidamente de él, transformándose, a pesar de la diferencia de edad, en amigos inseparables.

Un día la Gerente renunció para emprender nuevos rumbos y le aconsejó al dueño, casi implorándole, que dejara a Tomás en su lugar, “él sabe todo lo que hay que hacer y yo misma lo supervisaré en un principio”

Esto fue lo que convenció al dueño, que residía en Francia y sólo venía unas 3 o 4 veces al año, a aceptar esa propuesta. El dueño le tenía un cierto aprecio y lo veía como un joven deseoso de emprender. Por su parte Tomás casi no lo podía creer: Era nada menos que el nuevo Gerente General de Savoir Vivre, la prestigiosa Escuela Internacional. Su ego estaba a punto de explotar.

Por increíble que parezca, estos personajes tienen grandes dones y una envidiable astucia que lamentablemente utilizan para engañar y abusar del prójimo.

Luego de casi dos años, las finanzas de la Escuela evidenciaron problemas y el dueño los advirtió. Comenzó a desconfiar de los informes de Tomás y decidió contratar un Gerente de Finanzas fiable.

Tomás renunció. Se mostró muy triste y ofendido porque según dijo “siento que el dueño ha perdido la confianza en mí”. Su despedida provocó palabras de gratitud, de cariño y de buenos deseos, entre los empleados de la Escuela.

El dueño aceptó indemnizarlo e inclusive le compró unas acciones de la empresa que al asumir le había regalado. Le deseo éxito y se despidieron con un abrazo.

A las pocas semanas de estar en su cargo, Luis, el nuevo Gerente de Finanzas asumió como Gerente General. Luis descubrió que la empresa estaba en una crisis financiera de proporciones, con deudas de crédito, un caos contable y mucho dinero sin respaldo. La documentación estaba en un desorden descomunal y las pérdidas de dinero y documentos eran enormes.

Se pidió un peritaje contable cuyos resultaron, por decir lo menos, encolerizaron al dueño.

Tomás usaba varios modus operandi para “apropiarse indebidamente” del dinero de la empresa (así nombra la ley lo que popularmente conocemos como robar).

Se pagaba bonos, comisiones de venta, honorarios variables, relatorías, supervisión. Nada de eso estaba en su contrato. También usaba su tarjeta de crédito para pagar gastos de la Escuela. Con ello acumulaba puntos y entremedio se reembolsaba también algunos de sus gastos personales.

 

Tomás no paraba ahí.

Como Chile era la casa matriz de la Escuela, Tomás traía los dineros de las ventas en el extranjero sin pagar impuestos, lo que se conoce como platas negras y es una gravísima falta a la ley. Esto lo hacía usando a los relatores que viajaban, quienes traían consigo sumas de dineros en dólares a pedido de Tomás. Curiosamente ellos aceptaban hacerlo sin oponerse, tal vez por el miedo a perder los favores del nuevo Gerente. La codicia siempre seduce a los ingenuos para que piensen que no es tan grave traer platas negras.

En realidad los relatores y ejecutivos de la Escuela hacían los mismo que aquellos a quienes llaman “burreros”, gente que transporta drogas o matute de un país a otro usando burros cargados y cruzando por pasos secretos.

La corrupción alargaba sus tentáculos y hacía cómplice a justos y a pecadores. Algunos relatores y Directoras de esos programas también pensaron “me lo merezco” y alargaron sus manos.

El peritaje contable constató que sólo el 35% de los dineros que llegaban del extranjero, se depositaban en el banco. El resto no tenía respaldo.

 

El daño fue inmensurable, al igual que el riesgo.

Sólo en dinero, las cifras superaron el medio millón de dólares en los 2 años que él estuvo como Gerente.

El daño moral fue aún más doloroso ya que su conducta violaba todos los valores y principios que la Escuela proclamaba a sus alumnos y al mundo. El riesgo de un escándalo era inminente y la desazón se apoderó de toda la Escuela, con excepción de los alumnos.

Era conmovedor ver a los participantes del Programa de Formación Profesional completamente entregados y alucinados en las conferencias. Inocentes y completamente alejados de lo que sucedía en la Escuela que los formaba.

 

El dueño y el nuevo Gerente estaban aterrados por la posibilidad de una quiebra. Hubo que tomar medidas drásticas y comenzar una estrategia que ordenara ese desastre financiero y se enfocara en subir las ventas. Todas las personas que trabajaban en la Escuela, estuvieron a punto de perder su trabajo. Muchos nunca lo supieron ya que la idea era proyectar tranquilidad.

 

¿Cómo comenzó todo esto?

El primer paso es el definitivo. Los corruptos se inauguran cuando se dan cuenta que tienen la posibilidad de quedarse con dinero extra… que no se notará.

Sin duda hay un momento de reflexión previo al acto de robar. En ese momento ellos se dan cuenta de dos cosas:

. Lo primero es que lo que van a hacer no es muy católico.

. Lo segundo es que ellos sienten casi honestamente que lo merecen. “Me lo merezco… me mato trabajando…igual la empresa está ganando mucho dinero conmigo

 

El desgaste emocional es horrible.

¿Cómo puede suceder algo así?

¿Qué le pasó a Tomás para hacer eso?

¿Pedirá perdón?

¿Reparará el daño, o al menos, una parte?

 

Eran muchas las preguntas que rondaban, algunas también rozaban al dueño.

¿Cómo no se dio cuenta antes de todas esas malas prácticas?

¿Por qué nunca supervisó o se informó de las finanzas mensuales de la Escuela?

¿Se habrá beneficiado alguna vez de estas malas prácticas?

 

 

La esperanzadora posibilidad de justicia

 

El nuevo Gerente de La Escuela sugirió primero hablar con Tomás y luego consultar con un abogado acerca de qué sería lo más adecuado hacer.

El dueño quería hacerle una demanda de inmediato. Estaba enfurecido. Dijo que él no hablaría con Tomás. Frente a eso Luis intento contactar a Tomás pero éste nunca apareció.

Le hicieron una demanda Civil por apropiación indebida, malversación de fondos, etc. La cual le fue notificada una, dos, tres, etc. de veces y nunca se presentó. Pasaban los meses y nada; las notificaciones eran una pérdida de tiempo.

Después de unos  8 meses de trámites y tiempo perdido, decidieron hacerle una demanda penal… que es mucho  más seria.

 

La ley es para todos.

Con la demanda penal, tampoco apareció, hasta que la PDI fue solicitada por el tribunal para que lo ubiquen. Entonces los detectives comenzaron a aparecer en los domicilios de Tomás y su esposa Jimena y en el de Norma y Rodrigo, sus amigos agradecidos.

Es fácil imaginar las emociones que tuvieron Jimena, Norma y Rod cuando fueron  requeridos por los detectives en sus casas, siendo tratados como vulgares delincuentes que están huyendo de la justicia. Todos ellos habían sido citados por la PDI sin nunca  concurrir.

Esta humillante y desagradable situación generó un serio quiebre en su relación con los amigos y con su esposa. Tomás nunca les advirtió que esto tendría riesgos.

 

A Tomás no le importó involucrar a sus mejores amigos ni a su propia esposa en un delito, para asegurarse más dinero del que la vida generosamente ya le estaba ofreciendo honradamente.

 

Durante el proceso Jimena se separó de Tomás.

En este punto es interesante reflexionar a dónde nos lleva la codicia y la tentación.

La ansiedad, si somos débiles, no nos dejará reflexionar e iremos como obedientes corderos al sacrificio de los valores. Tal vez eso lo disfrutemos un tiempo, hasta que sus sombras tenebrosas  cubran completamente nuestra paz.

 

 

Y finalmente apareció.

Hugo, el abogado de la Escuela informa que el abogado de Tomás se había contactado con él y estaban disponibles para una reunión.

Habían pasado exactamente 14 meses desde que se le había hecho la demanda civil. Su aparición fue una total sorpresa.

La reunión se realizó en la oficina de Hugo.

Pasados 15 minutos de la hora acordada tocan el timbre. Era Tomas con su abogado.

El abogado de Tomás entró con prepotencia. Era alto y muy gordo. Voz ronca autoritaria.

Su camisa luchaba con la presión de su barriga y esos botones explotarían en cualquier minuto. Una corbata arrugada y el cuello de su camisa sin abotonar. El tipo sudaba por todos lados.  Era un roto, un ordinario de la peor categoría.

Ese era el abogado de Tomás.

Prometió que daría respuesta  una a una a todas las acusaciones que le hacían a su cliente para demostrar su falsedad y exigir las compensaciones y disculpas públicas del caso por parte del dueño de la Escuela. Tomás agregó con voz entre segura y entre cortada “Yo jamás he tocado un peso de la Escuela, que no me corresponda”

Cuando se mencionaron las boletas de honorarios Tomás dijo “reconozco que fue un error, pero en la más absoluta buena fe”

La buena fe siempre es citada por abusadores y delincuentes “tal vez me equivoco pero siempre en buena fe”. De esa manera justifican sus atrocidades, sus delitos y su mala fe.

El compromiso fue que ellos aclararían las acusaciones y de acuerdo a eso se negociaría el devenir de la demanda. Antes de retirarse el abogado de Tomás con su voz grosera dijo “También vamos a tener que aclarar lo de las platas negras, avísenle al dueño…”

Esa era una amenaza ya que las platas negras no estaban mencionadas en la demanda y al salir en el juicio las responsabilidades se las achacarían al dueño. En pocas palabras “Voy preso, pero no voy solo”.

Tomás había caído a lo más bajo, al deshonor, a prácticas propias de los delincuentes: descarnadas, sin compasión, sin arrepentimiento, sin importar lo que vendrá.

Es probable que si Tomás hubiera pedido perdón y hubiese reparado al menos parte del daño de las boletas de honorarios, hecho que no es posible negar ya que tenía evidencia documentada, indesmentible, tal vez el dueño lo habría perdonado.

Es probable.

 

Una propuesta indecente

A los poco días llegaron las aclaraciones prometidas y una propuesta.

Las aclaraciones no aclaraban mucho, en realidad no aclaraban nada. Algunas eran verdaderos insultos a la inteligencia y el sentido común. En relación a las boletas, por ejemplo, aclaran que esos honorarios pagaban relatorías efectivas que Tomás habría realizado y que él no recuerda bien porqué se decidió esa vía de pago.

Todo era descarado.

Pero lo peor venía en la propuesta.

Exigían disculpas escritas a Tomás y desistimiento de la demanda y reconocimiento de que todas las acusaciones eran falsas.

Verbalmente amenazaron con denunciar esto en el Servicio de Impuestos Internos ya que según Tomás  él recibía órdenes expresas del dueño para manejar platas negras. Insinuó también la posibilidad de recurrir a los medios periodísticos.

La sensación de abuso e impotencia es una pesadilla que invadió al dueño y al Gerente de la Escuela, era urgente terminar con eso porque los iba a enfermar.

Al otro día, Luis el Gerente de la Escuela, les comunicó que desistirían de la demanda y les envió una carta con la posición de la Escuela. En ella les comunicaba que se veían obligados a desistirse y que esto debía ser resguardando la dignidad.

 

La vida continúa y con sorprendentes novedades

De Tomás nunca más se supo… hasta hace una semana.

Después de 4 años de lo sucedido, aparece en las páginas sociales de un periódico, un reportaje fotográfico a un evento de una Fundación Internacional orientada a la solidaridad. En ella aparece nada menos que el mismísimo Tomás, recientemente nombrado Director Ejecutivo de esa Fundación en Chile.

 

¿Cómo lo hacen?

Cómo estas personas logran eludir los controles éticos, emocionales y van ganando la confianza de gente buena, próspera, llena de valores y por sobretodo…confiada. Ahí estaba nuevamente Tomás encumbrado en ese cargo honorable y olfateando por dónde comenzar su tarea destructiva.

 

 

“El origen de todos los males es la codicia
André Maurois
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Acerca de Jorge Olalla Mayor

Publicista, Director Creativo, Coach Ontológico
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