“No es lo mismo hablar del perdón, que perdonar”

 

“Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, 
cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final”

El perdón, desde la mirada ontológica, es un acto del hablar, una declaración de término a un conflicto. El perdón es también una emoción misteriosa que provoca sensaciones de paz, de amor, de alegría, de orgullo, de tristeza, de alivio… de un profundo alivio.

El perdón siempre surge en un contexto de grandeza y honestidad. Yo lo viví recientemente y el aprendizaje es fascinante.

Mi hermano y yo nos perdonamos después de un lustro de rabias, indiferencias y resentimientos. El impacto que eso ha tenido en nuestra familia es inmensurable y el conflicto, aunque parezca increíble, con el tiempo termina siendo una zona de confort de la que sólo se puede salir con una gran motivación y mucho coraje.

Fue para mí un tremendo desafío convocar a la paz con quien durante casi 4 años estuvimos en guerra, un guerra fría que a veces se calentaba y otras hervía.

Recién venía yo llegando de USA donde pasé 3 semanas con mis hijos y nietos. Allá la idea maduró con el apoyo de ellos. Conversamos sobre la reencarnación y los karma, esos mensajes que vienen de nuestros ancestros a través de nuestro ADN, o tal vez de nuestra alma.

La única manera de romper una cadena es cortando un eslabón.

Supongamos por un momento que algunos de los eventos que nos preceden en el tiempo tienen un impacto tal en esta cadena ancestral que se transmiten de generación en generación y que los conflictos y dramas que vivimos hoy, están conectados o activados por los dramas de nuestros padres, abuelos, bisabuelos….

Las tragedias imprimen una huella emocional que perdura en el tiempo y activa las emociones del miedo, la rabia, el resentimiento, la indiferencia como también el mundo de los pecados

Si bien no podemos cambiar los hechos del pasado sí podemos impedir su continuidad ¿Cómo? Enfrentando el conflicto por muy terrible que éste sea, haciéndonos cargo de un tremendo quiebre que sabemos puede infectar a nuestros descendientes en un formato de karma permanente.

De cierta manera esto se transforma en una cuestión de honor, en un acto heroico y así es bueno entenderlo.

La conversación del perdón

En algunos casos es vital aclarar los hechos con la verdad y pedir perdón por la responsabilidad que cabe en el conflicto.
Esto es lo más difícil.

Reconocer que lo que se negó era verdad o lo que se dijo fue ofensivo, es un acto de grandeza poco común y que provoca grandes satisfacciones en el contexto del perdón permitiendo que la conversación avance por buen camino por duro y sinuoso que éste parezca. Por ahí se empieza a asomar la confianza.

La honestidad es vital ya que ambos saben la historia y aunque la interpreten diferente hay fundamentos, evidencias y sentido común para apoyarse.

En la conversación que tuve con mi hermano, a medida que pasaba el tiempo los hechos que alimentaron el conflicto fueron perdiendo importancia, cada cual cedía un poco y lo que finalmente encausó a la paz fue el tremendo compromiso que teníamos con nuestros hijos y sobrinos, quienes fueron copiados en la convocatoria a este encuentro y esperaban ansiosos el desenlace.

En algún momento nos dimos cuenta que irnos en paz era un profundo deseo de ambos, que iba más allá de todo orgullo; un compromiso ineludible.

Hay perdones que no necesitan palabras

Cuando dos hermanos se vuelven a ver después de 25 años, seguramente que lo primero que sucederá en ese encuentro es un abrazo entre ambos, seguido de miradas de amor, lágrimas y pesar por el tiempo perdido. El motivo del conflicto probablemente ya no tendrá mucho sentido.

“El perdón llega cuando los recuerdos dejan de doler”

¿Qué es el perdón?

“El perdón es un puente que conduce a la paz”

El perdón no está en nuestro ADN. En realidad hay que incorporarlo o quizá activarlo. Pareciera que está alojado en el alma en un sueño profundo, el perdón hay que despertarlo, a veces a tirones. Está en el lenguaje, en la religión, en Jesús, en Gandhi, en los Santos y en las Madres.

También está en las predicas y discursos y muy poco en la práctica.

 

UN CUENTO Y UNA PARÁBOLA

 

LA PARÁBOLA

Jesús y Pedro

Pedro acaba de oír el consejo de Jesús sobre intentar resolver cara a cara los problemas que puedan surgir entre hermanos. Ahora, al parecer, quiere saber cuántas veces debe intentarlo.

Pedro le pregunta a Jesús: “Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta 7 veces?”. Algunos líderes religiosos enseñan que hay que perdonar a los demás un máximo de tres veces. Así que es probable que Pedro piense que está siendo generoso al decir que perdonaría a un hermano “hasta 7 veces” (Mateo 18:21).

Sin embargo, la idea de llevar la cuenta del número de veces que alguien nos ofende no está de acuerdo con lo que enseña Jesús. Por eso, él lo corrige diciéndole: “No, hasta 7 veces no, sino hasta 77 veces” (Mateo 18:22). En otras palabras: sin límites. Pedro debe perdonar a su hermano todas las veces que haga falta.

 

EL CUENTO ZEN

El florero de porcelana

El gran maestro y el guardián dividían la administración de un monasterio Zen.

Cierto día, el guardián murió y fue preciso substituirlo. El gran maestro reunió a todos los discípulos para escoger, quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.-

 “Voy a presentarles un problema” -dice el Gran Maestro-

“Y aquel que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del templo”.

Terminado su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala… encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.-

“Este es el problema” – dice el Gran Maestro.

Los discípulos contemplaban perplejos por lo que veían; los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.

¿Qué representaba aquello?
¿Qué hacer?
¿Cuál sería el enigma?.

Nadie se atrevía a actuar. Nadie parecía saber cómo resolver el problema.

Después de un largo rato cuando parecía que el enigma no tenía solución,  uno de los discípulos se levantó mirando al maestro y a los demás alumnos, caminó resolutamente hasta el hermoso florero, desenvaino su espada y luego de alzarla con sus manos descargo un fuerte y certero golpe al jarrón destruyéndolo por completo.-

 “Es usted es el nuevo guardián” – dijo el Gran Maestro.

Luego el Gran Maestro explico:-

“Yo fui bien claro, dije que ustedes estaban delante de un problema.
No importa cu
án bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado. Un problema es un problema, puede ser un florero muy caro de porcelana, un lindo amor que ya no tiene sentido o un camino que precisa ser abandonado y por más que insistamos en recorrerlo por el confort que este nos trae, sólo existe una manera de lidiar con un problema; atacándolo de frente.

En esas horas, no se puede tener piedad, ni ser tentado por el lado fascinantes que cualquier conflicto acarrea consigo”.

 

 

Acerca de Jorge Olalla Mayor

Publicista, Director Creativo, Coach Ontológico
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