Viví el terremoto en Coquimbo y puedo contarlo.

Después de mucho pensarlo, mucho quererlo y soñarlo, la Paty compró un depto, en Coquimbo y lo fuimos a recibir. Es nuevo y está en el piso 15 de un imponente edificio a orillas de Playa la Herradura. Era viernes y viajamos temprano, a las 5 de la tarde ya estábamos colocando las cosas que habíamos traído. Los muebles los entregarían entre sábado y lunes. Estábamos muy felices y esa noche celebramos la adquisición, que en realidad era un regalo que venía de sus viejos; brindamos y lo agradecimos. Sentimos un nuevo impulso de entusiasmo en la vida.

Dormimos en el suelo, sobre unas colchas; todo era entretenido y sorprendente. Nos dimos cuenta que empezábamos a hacer planes y aparecían posibilidades. Ese depto. nos atrapó de inmediato, fue amor a primera vista.

Al otro día, es decir justo el día 19 del año 2019, nos trajeron la nevera y compramos un colchón inflable, las colchas fueron leales pero no para más de una noche.

Felices y muy cansados, nos fuimos a dormir esa noche a las 9. Una hora y media más tarde estábamos sumergidos en un sueño profundo y perfecto.

Y de repente el infierno se aparece brutalmente y despertamos horrorizados en el piso 15, en nuestro depto. de un edificio que parece desplomarse y se mueve frenético como si lo taladraran. Nos era casi imposible pararnos de ese colchón inflable. Nuestros  pensamientos elevan su volumen al máximo y empezamos a pensar en quienes no están con nosotros ¿Dónde será el epicentro? ¿Nos vamos a morir? ¿Qué pasara en estos momentos con mi hija, que también anda en esta zona? ¿y la otra hija que está en Santiago con nuestra nieta?. El departamento parecía  estar a punto de caerse, nosotros intentando vestirnos y no saber qué hacer ¿salir por las escaleras?
En medio de esa locura, nos abrazamos como despidiéndonos o permanecer juntos en ese final que parecía venir. Hablamos poco sólo lo necesario para coordinar la salida.
El terremoto no paraba y de repente nuestros celulares comienzan a aullar con un mensaje intermitente que alertaba un Tsunami…. ¡¡Aún no paraba el terremoto y avisaban la llegada de un Tsunami!!

De repente pasó por mi cabeza que ante un Tsunami quedarse el piso  15  parecían más seguros que bajar, pero igual bajamos.

Abrimos la puerta y salimos con lo que pudimos. La Paty, recientemente operada de la rodilla se aprestaba para bajar 15 pisos en un contexto de horror y pánico. Nos dimos la mano y salimos hacia las escaleras de emergencia. Aparecían personas, turistas con niños pequeños, todo bajando espantados en la más absoluta incertidumbre. Pasaron por mis pensamientos las torres gemelas, nos dimos cuenta que estábamos en el umbral  de la muerte. Cuando íbamos por el piso 9 alguien dijo que el epicentro fue en Tongoy (15 kilómetros de donde estábamos) eso ya fue un alivio y una de nuestras hijas no habría tenido problemas, faltaba la otra. Finalmente ella se reportó cuando ya estábamos en los estacionamientos y prontos a movernos a un lugar más alto. Comunicarnos fue algo maravilloso ¡Gracias Señor! ¡Gracias Señor!
Después mi hija nos confesaría que el terremoto fue tan fuerte que pensó que el edificio en que estábamos se había caído. Ella estaba en una casa en Peñuelas.

El estacionamiento del edificio poco a poco comenzaba a llenarse con los residentes, muchos salían en sus vehículos para protegerse o bien para regresar a sus casas.

Nosotros esperamos un poco ya que la Herradura, por su geografía sería inmune a un tsunami desde el sur, al menos eso fue lo que explicaba la administradora quien, cual bombero llegó de inmediato a colaborar y ordenar las acciones.

Cuando por fin decidimos irnos a un lugar más alto (por si acaso ya que las autoridades habían desestimado un tsunami), la camioneta no puede partir, se le había agotado la batería ya que distraídamente prendí sus luces con el motor apagado y así estuvo varios minutos. Parecía una película de suspenso, pero todo era real.

Han pasado un par de días, estamos de vuelta en Santiago y aquí ni siquiera fue una gran noticia. Le he contado esta experiencia a un par de amigos y me doy cuenta que ni siquiera saben que fue un terremoto, las noticia sólo hablan de un sismo y un sismo se escucha como un temblor.

Pero yo y la Paty lo vivimos y agradecemos a Dios el poder contarlo.

Gracias a Dios.

“Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella,
que soportar el pensamiento de la muerte.”

(Blaise Pascal)
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Acerca de Jorge Olalla Mayor

Publicista, Director Creativo, Coach Ontológico
Esta entrada fue publicada en adulto mayor, angeles y demonios, asombro, Coaching, Coaching social, cuentos, Historias, Humanidad. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Viví el terremoto en Coquimbo y puedo contarlo.

  1. Sally dijo:

    Chile país de temblores, terremotos, y de vez en cuando tsunamis.Qué bueno que están todos sanos y salvo de vuelta en vuestras rutinas!

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  2. Álvaro dijo:

    A veces sentir la muerte nos regala vida. Gracias Jorge por compartir esta experiencia, me regresa a la importancia de vivir en profundidad y estar presente, no sabemos cuándo ni dónde….
    Un fuerte abrazo

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  3. Keko Ruiz dijo:

    IMPRESIONANTE QUERIDO AMIGO Y PATY CON SU RODILLA OPERADA.ME IMAGINO EL HORROR

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