Las enseñanzas del Padre Gatica

Enviado por Jorge Olalla Mayor el 21/04/2010

El gerente general de una famosa consultora de capacitación para empresas, organizó un seminario para sus clientes.

Vinieron como expositores importantes personajes del mundo del conocimiento, quienes durante dos días fueron entregando sus temas actuales ante una concurrida y entusiasta asistencia 

Al término de la primera jornada y cuando la gente esperaba retirarse a descansar, un integrante de la consultora les pidió que siguieran sentados por que a continuación se haría la presentación de una Fundación orientada a la educación de niños en extrema pobreza, de la cual el Presidente de la Consultora era su inspirador. 

Acto seguido subió al escenario uno de los directores de esa Fundación quien durante media hora hizo una presentación de la iniciativa, la que finalmente invitaba a los presentes a participar como socios o con su colaboración.

 A nadie le agradó quedarse media hora más… no estaba en el programa, además después de un día tan especial como agotador todos querían descansar.

El resultado fue atroz, todo lo bueno de esta jornada inicial se opacó por un momento inoportuno sin planificación ni debida reflexión.

La idea que inspiró a crear esta fundación era bellísima, el momento en que se entregó el mensaje fue absolutamente desafortunado. 

Todo lo bello de la Fundación se perdió en medio de esa confusión.

 A los dos días de terminada la conferencia, el equipo de la Consultora se reunió para evaluar el encuentro. El Presidente de la Consultora no estaba, ya que tuvo que  seguir con sus actividades internacionales una vez terminada la conferencia.

En la reunión todos coincidieron que el encuentro estuvo muy bueno… con la excepción de ésa presentación. Algunos opinaban que fue un error, que fue el punto negro, que no se debía haber agregado al programa, que el presentador era aburrido, que la gente estaba cansada, que nadie le prestó atención, que cómo es posible meter este tipo de temas en el encuentro, que no aportaba nada.

 Cuando le tocó al gerente general expresar su opinión fue más duro aún y dijo: “nosotros no tenemos porqué andar mendigando en nuestros encuentros” y agregó: “Yo sólo recibí la orden de incluirlo y no tuve más remedio que acceder”

 El acuerdo era tal entre los presentes que no había nada más que discutir y menos  reflexionar.

 Cuando ya parecía que el tema estaba terminado, uno de los presentes levantó el dedo y preguntó si recordaban cuál era la misión de la Fundación.

 Luego de un silencio acompañado por leves e irónicas sonrisas, quien hizo la pregunta sacó el folleto de la fundación y leyó:

  “Nuestra misión es promover el acceso a la educación de todos los niños de la tierra e impulsar el diálogo y el intercambio global de opiniones para vivir en un mundo solidario, pacífico y sustentable. Realizar toda acción, destinada a la difusión, promoción, estudio y colaboración de una cultura y entendimiento entre las personas y países por la educación de los niños, el cuidado del medio ambiente y una nueva mirada del hombre a un mundo que está naciendo”·

Un silencio absoluto se apoderó de la sala. 

Tal vez en el pensamiento de los presentes se cruzó el recuerdo de aquella reunión, un año atrás, cuando el Presidente de la Consultora les presentó el proyecto de la Fundación y les habló de su inspiración. En aquella ocasión todos alabaron con entusiasmo y admiración la propuesta y se comprometieron con emotivas palabras de adhesión a trabajar por ella. Se acordó además “incluir esos conceptos en la misión de la propia empresa consultora”. El gerente general, que en aquella época aún no tenía ese cargo, fue el más entusiasta y tomó la idea como un desafío “personal”. Esa reunión terminó con abrazos y agradecimientos al Presidente por tan hermosa iniciativa.

 Dejemos la historia hasta aquí. De ella surgen algunas preguntas:

¿Somos consecuentes con lo que decimos?

¿Lo que tanto proclamamos, de verdad lo respetamos?

¿Practicamos lo que predicamos?

Es cierto que los seres humanos no hacemos todo lo que decimos ni practicamos todo lo que predicamos. El problema está en decir, lo que sabemos de antemano que no haremos… o predicar, aquello que en realidad no creemos,  No basta aprenden algunas distinciones y repetirlas como loros, sin sentirlas en el fondo de nuestro ser. Y cuando llega el momento de renegar de aquello que predicamos, no hay compasión ni vergüenza para enjuiciarlo. 

Muchas veces me he preguntado el origen del Padre Gatica ¿será sólo una buena rima o verdaderamente existió?. 

Tal vez el Padre Gatica es una especie de Santo que se adentra en el alma de algún elegido y los ayuda a creer en una buena vida, la que siempre predica y nunca practica.

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Acerca de Jorge Olalla Mayor

Publicista, Director Creativo, Coach Ontológico
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